Jorge León

Colombia y sus proyectos, ¿y Ecuador?

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Colombia festeja un así llamado éxito del Plan Colombia, que fue hecho a espaldas de América Latina, y ha ratificado que hará un camino aparte, a pesar de su adhesión contradictoria para aliarse con América del Sur en lo relativo a defensa y seguridad.

Durante una visita a Washington, Juan Manuel Santos ha alabado al Plan Colombia y el Gobierno de EE.UU. ha visto en él uno de sus raros éxitos en seguridad en el mundo, al cual incrementará su apoyo.
Colombia y EE.UU. ven un reflejo de este plan en la boyante economía colombiana y su creciente seguridad.

En esta optimista evaluación, no cuentan los miles de muertos por las acciones militares, ni las constantes puestas de lado de los derechos humanos, además de 3 700 “falsos positivos”, esos asesinatos extrajudiciales de inocentes civiles por un ejército afanoso en demostrar “éxitos” con falsos guerrilleros “muertos en combate”; ni las fumigaciones de glifosato (100 000 ha destruidas) con impactos en miles de personas en Ecuador y Colombia. 


Solo en los tres primeros años del Plan, 1,7 millones de personas se volvieron refugiados. La violencia y la coca se desplazaron. En violencia, muertes y raptos, Colombia sigue siendo uno de los 20 primeros países. Santos recurrió a la imagen de la bicicleta fija para indicar que se encuentra ahora en el mismo sitio. Es innegable, sin embargo, que la inseguridad disminuyó, ¿es fruto del Plan Colombia?


El narcotráfico por su lado, se readecúa. El clan Úsaga, con sus 2 000 miembros, dispone no solo de armas pesadas y sofisticadas sino de una inmensa red para hacer que Colombia siga siendo la principal exportadora de cocaína. Lo cual de seguro impactará en Ecuador, que asumirá los platos rotos, sin que sepamos la posición oficial ecuatoriana, con su errática política exterior. Los narcos colombianos tienen bien montado el sistema, entre otros el de circulación, en Ecuador. 


Puede ser comprensible que Colombia, con pragmatismo, busque recursos para el proceso de paz venidero y el desminado. Negocia USD 5 000 millones de ayuda anual por 10 años. Pero la posición colombiana, como lo fue el Plan Colombia, es un incremento de los nexos de defensa con EE.UU., y un mayor distanciamiento con América Latina. Significativamente, no hay datos de lo que esto implica. Venezuela hace lo mismo con Rusia, sin ser peón de potencia alguna.

En poco tiempo, América del Sur pasa de su euforia integracionista a su traba. Lo es en la economía y también en defensa.
Ecuador debería ocuparse de los planes que vienen para sembrar paz, pues le conciernen. También se anuncian miles de millones, para acciones no estatales.

Si no se continuara destruyendo la sociedad civil ecuatoriana, sería parte de los beneficiarios para contrarrestar los efectos negativos de lo que se viene y ­sembrar la paz, ya que el Gobierno se pone a la zaga de esta responsabilidad.