Alfredo Negrete

Colombia, la exhermana

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Los lazos entre Ecuador y Colombia, que vienen de una historia común, acentuados por la vecindad geográfica, han sido y son intensos. Con acuerdos, discrepancias, incidentes como el de Angostura, la convivencia social ha sido fecunda y los lazos económicos siempre crecientes. Hemos coincidido en muchas difíciles coyunturas internacionales. Aunque no hemos arribado a un destino común, como aspiraba el Libertador, existe una identidad de intereses y afectos, más que de conflictos o situaciones territoriales pendientes.

Con estos antecedentes es incomprensible que el Ecuador haya votado en contra de la solicitud colombiana por la crisis humanitaria en la frontera con Venezuela, para convocar a una reunión extraordinaria de cancilleres de la OEA. Incluso, el Ecuador desperdició la salida eufemística de la abstención, conocida también con “el voto hipócrita”. No hay duda de que tener cancilleres siameses tiene un alto costo.

Simón Pachano, el lunes pasado en diario El Universo, describe con indignación la patética situación:

“Uno de estos temas, con enormes costos humanos, es el de la frontera entre Colombia y Venezuela. Mientras el un medio canciller visitaba a Maduro… se estaba produciendo el desalojo de la población colombiana. Ni él ni el otro medio canciller dijeron algo al respecto. El desplazamiento forzoso de mujeres y niños y las casas marcadas siguiendo la escuela del nazismo, no fueron suficientes para que por lo menos uno de los dos entendiera que la única salida para el problema era llevarlo a un organismo intergubernamental”.

Parece que la política exterior del régimen es igual a la que caracterizó a la Guerra Fría en cuanto al maniqueísmo –todo es bueno o todo es malo- cuando los bloques imponían una sola conducta sin ningún tipo de matices. La referencia es válida, pues se coincide con el modelo estatal de Venezuela, pero sorprende que también sea con la violación colectiva de los derechos humanos de los desplazados. ¿En qué afectaba a Venezuela una reunión de cancilleres para formular consideraciones humanitarias? Una conducta de tal naturaleza recuerda el silencio de la izquierda mundial con la represión de los obreros en Alemania Oriental en 1953; con la violenta extinción de la Revolución Húngara en 1956, o cuando en 1968 fue apagada la ‘Primavera’ en Praga por los tanques soviéticos.

En el Ecuador la conducción de la política exterior corresponde a la Jefatura de Estado. En consecuencia, se puede aplaudir al gobierno de Nicolás Maduro, su conducción económica y su política autoritaria. Tampoco habrá reparos en colocar su figura en el Palacio de Unasur junto al monarca argentino; sin embargo, es distinto votar contra un foro internacional que aspiraba a la protección de los derechos humanos de los desplazados colombianos. Siempre es antipático ser el primero de la clase.