Francisco Carrión Mena

China en la mesa grande

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No es ningún descubrimiento: el rol de China en el mundo es cada vez más relevante en materia económica, comercial y financiera, en geopolítica mundial y en influencia estratégica global.

Dos acontecimientos recientes corroboran esta afirmación. El primero, a fines de octubre, se celebró en Pekín el XIX Congreso quinquenal del Partido Comunista Chino que reunió a dos mil doscientos delegados para definir las políticas para los próximos cinco años y elegir a las autoridades del país y del Partido para el próximo quinquenio. En lo relativo a las políticas no hubo sorpresas. Se mantendrán sin cambios los lineamientos sobre la apertura comercial multilateral, la rígida política interna y la proyección internacional con todos los países del mundo. Todo esto con el objetivo de “mejorar el bienestar del pueblo chino y alcanzar la modernización”.

Acerca de la elección de sus líderes tampoco hubo sorpresas en los designados pero si en las atribuciones y nivel de decisión concedido a su máxima autoridad el Presidente Xi Jinping, quien acaparó por unanimidad las tres más altas responsabilidades del poder: Presidente de la República, Secretario General del Partido y responsable del Comité de las Fuerzas Armadas.

Solamente Mao, Deng Xiaoping y ahora Xi han logrado consolidar un poder tan vasto. A lo anterior se suma que el pensamiento del reelegido líder, denominado “Socialismo de la nueva era a la china”, se incorpora a la Constitución de la república y todos los militantes del partido deben actuar conforme a sus señalamientos. El poder adquirido por Xi es comparable solo al que tuvo en su momento Mao.

El otro acontecimiento fue la visita de Trump a Pekín la semana pasada que reflejó el necesidad estadounidense de normalizar sus relaciones, profundizarlas en algunos sectores y actuar conjuntamente en otros. Temas obligados del encuentro, llevado a cabo con el mayor boato imaginable, el déficit comercial, la apertura de los mercados, la cooperación y Corea del Norte. Xi salió fortalecido: accedió reducir el superávit comercial (USD 43 mil millones a favor de China) aunque será de difícil implementación, suscribió numerosos convenios de cooperación que le benefician en temas sensibles como tecnología, conocimiento y ciencia y aceptó intervenir sobre Corea del Nortepara reducir su belicosidad nuclear, constituyéndose así en la única potencia capaz de persuadirle.

Así, China se constituye, con un renovado y vigoroso liderazgo y con el reconocimiento de Washington, en única superpotencia que cuestiona el sistema unipolar y consolida su posición como necesario contrapeso. Trump dijo que “no hay asunto más importante que las relaciones con China”; y, Xi replicó que “para los dos países la cooperación es la única opción viable”. Está claro. Pekín está en la mesa grande de dos.