Rodrigo Fierro

De Chávez y otros extremos

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21 de July de 2011 00:02

Desde cuando leí‘Persona non grata’, memorias de Jorge Edwards, embajador de Allende y como tal expulsado de la Cuba de Castro, el escritor chileno se constituyó en un referente cuando he tratado de aproximarme a esos mares de furiosas corrientes contrarias que a mi juicio es el pensamiento iberoamericano.

Resulta que cuando le daba las vueltas al tema de este artículo llegó a mis manos ‘La muerte de Montaigne’ (TusQuets Editores, 2011) de Edwards, izquierdista de siempre, actual embajador de Chile en Francia, expulsado de su país cuando Pinochet llegó al poder tras el golpe de Estado que acabó con Allende.

Pensar en blanco y negro ha sido nuestra tontera o nuestra limitación. Es así como nos han caído tan bien los dogmas. Qué pocos de entre nosotros han sufrido el dolor de pensar. Cómo nos cuesta dejar de mirar atrás y llegar al convencimiento que el futuro está dado por realidades cambiantes so pena de constituirnos en invitados de piedra en esas convocatorias en las que los pueblos que dirigen el mundo inician nuevas eras, nuevas revoluciones. “Tú desconciertas a la izquierda”, le espetó a Jorge Edwards un pariente y amigo. El escritor confiesa que “Mi proyecto siempre ha consistido en tratar de pensar por mi cuenta”, defendiéndose así de la esquizofrenia de nuestros políticos. Si todos hubiéramos pensado igual no se hubiera atrevido don Pío Baroja a definirnos a los latinoamericanos como “el continente tonto”.

Razones políticas debieron pesar para que el coronel Chávez continuara su tratamiento anticanceroso en Cuba y no en una clínica brasileña que ofrecía mayores probabilidades de éxito. Qué pudo haber sucedido para que Venezuela, el país de los cuantiosos recursos, no contara con un centro que para combatir el cáncer fuera el mejor dotado a nivel latinoamericano? Pregunta tanto más procedente si se tiene en cuenta que los estándares cubanos en todos los campos comenzaron a desacelerarse desde cuando concluyó la ayuda de la ex Unión Soviética y se inició el bloqueo a la isla. ¿Otras prioridades? Posiblemente. Algunas de ellas tontas, digo yo.

Impensable una invitación para que Chávez fuera tratado en Solca. El país entero estuvo de acuerdo en que el Estado debía apoyar económicamente a esta institución de servicio sin fines de lucro. Costosos los tratamientos anticancerosos. Los equipos van perfeccionándose día a día a tiempo que sus precios y el de los fármacos se incrementan. Pese a todo Solca fue creciendo hasta que vino la tontera. Se la comenzó a satanizar porque cobraba por los servicios que prestaba en un país en el que contra toda lógica el derecho a la salud supone atención médica gratuita para todos, sin distinción. Es así como a Solca, un paradigma en la Región Andina, se la fue frenando en su desarrollo.