Pablo Cuvi

Cerebros de ficción

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9 de June de 2012 00:04

El tema es apasionante. En ‘Profesión’, un cuento perfecto de ciencia-ficción escrito por Isaac Asimov hace unas cuatro décadas, los humanos ya no aprenden a leer ni estudian sino que saberes y profesiones les son implantados directamente en el cerebro a partir de unas cintas pregrabadas. Un joven se rebela contra ese sistema educativo que robotiza a la gente, y cae bien a los lectores porque se parece a sus remotos antepasados: nosotros.

Hacia ese futuro vamos, nos guste o disguste. No se trata de la avasalladora propaganda comercial y política que busca generar un lavado cerebral desde vallas y pantallas. No, esa forma de manipulación pertenece casi a la prehistoria. Hablamos de un futuro que ya está aquí: el hecho de volver compatibles el lenguaje biológico de nuestro cerebro con el lenguaje digital de chips y computadoras. Días atrás pasaron un video acojonante: con solo pensarlo, sin mover un músculo, una tetrapléjica ordenaba movimientos a un robot. Milagro que acontece gracias a un implante conectado al córtex cerebral con electrodos que registran la actividad neuronal generada por la sola intención de movimiento. Es decir, que las ondas e impulsos eléctricos del cerebros son digitalizados para que puedan ser leídos por las computadoras que activan a las sillas de ruedas, a los robots o a los aparatos electrónicos.

A ese hallazgo se añadió la noticia de que ya se pueden detectar imágenes rudimentarias que alguien sueña, como triángulos o cruces, y proyectarlas en una pantalla.

La vía inversa, de afuera hacia adentro, la establece por ejemplo un chip colocado junto al oído de los sordos, que convierte las ondas sonoras en impulsos eléctricos que ‘oye’ normalmente el cerebro.

También es posible borrar ciertos recuerdos traumáticos eliminando las neuronas donde se hallan almacenados.

¡Chao, pesadillas! Mi sueño juvenil de la Universidad del Olvido está en marcha y algún rato se podrá borrar, como se borra un ‘file’ del disco duro, cualquier tema conflictivo u obsoleto. Y se podrá cargar el cerebro con nuevos saberes. Asimov colocaba ese futuro cuatro mil años delante; no nos faltan más de cuarenta.

¿Horror? No; angustia más bien de no alcanzar a verlo pues el premio bien podría ser la inmortalidad. Toda la información que está en su cerebro, querido lector, sus emociones, miedos y patrones de conducta serían bajados y almacenados en un disco duro.

Y como la clonación se habrá perfeccionado, cuando esté decrépito y llegue a ver el fin de la Revolución Ciudadana, podrá solicitar que recarguen su yo en un clon cero kilómetros para vivir la era Madera de Guerrero.

No sé si valga la pena, pero es claro que el ser humano como lo entendemos ahora habrá mutado y su poder mental se habrá potenciado al infinito. ¡Qué vértigo!