Jorge León

Campañas electorales amorfas

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Las campañas electorales de diferentes candidatos se parecen tanto; hasta en sus discurso. El mercadeo político con las mismas recetas diseña la imagen del candidato exitoso.

Los publicistas contraponen los tediosos discursos de antiguos políticos que lanzaban un ladrillo de propuestas indigeribles para la mayoría o complejos análisis ideológicos, con los sonrientes candidatos actuales que dan pastillas de alguna idea para no aburrir. Compiten con la sonrisa de un dentrífico ,con el paraíso de una gaseosa, diseñan la imagen del candidato para convencer, venden el edén que hipotéticamente cada cual quiere.

Lo importante sería estar cerca del ciudadano, captar sus demandas y situaciones, y tener una “comunicación cercana” de la población, con sus emociones y sentimientos. La comunicación sería así horizontal y no vertical.

Ahora se descubre que los electores no sólo captan razones o muy poco, sino ante todo sentimientos, emociones y respuestas pragmáticas. Los griegos, sin embargo, ya lo mencionaban y Hitler hizo de esto su arma y medio de captar masas, como hacen los populistas.

Toda comunicación puede incluir los cinco sentidos. La de TV, de la radio o la del candidato suscitan emociones diversas y puede ser que cuente más el lenguaje corporal (gesticulación, voz, expresión de la cara, sonrisa...) o la imagen que proyecta que las razones de las que habla. Lo fue antes y lo es ahora. Además, hay ciclos de lo que puede impactar. La TV con su tendencia a la comunicación publicitaria, da más peso a la imagen física y gestual, reduce el tiempo de palabras, y así los discursos y los contenidos.

Los publicistas de política a partir de ello, tienden a convencer que la ideología, los programas o los aspectos de fondo de la política son innecesarios, arcaicos, lo importante es estar en lo que la gente siente y no aburrirle.

Fácilmente se pasa a la manipulación. La cercanía de la población da para convencerle sin responsabilizarse por ello, pues no es un programa o un plan de gobierno que se propone sino un paraíso que se repite y repite. No es raro ahora encontrar políticos que venden imagen, palabras huecas sin programa; si ganan inventan el agua tibia, la sociedad pierde.

Una cosa es comunicar con los medios de hoy, con el leguaje de la TV o del twitter, y otra es volver al ciudadano un cascaron vacío al que hay que convencer con publicidad emocional o paraísos inalcanzables.

La sociedad necesita programas e ideologías, para escoger posiciones, y así definir gobernantes, un sentido de futuro o esperanza. La comunicación debería ser le medio para llegar a los demás con programas e ideología, no reducirlos o desaparecerlos. La vida política se empobrece con el silencio político que da la publicidad y convierte a la vida pública en una disputa de “eslogans” en el que luego ganan los poderosos.

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