Roberto Salas

Un cambio necesario

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El ciclo económico de bonanza se rompió provocando dificultades para los países como el Ecuador, sustentados por grandes ingresos de divisas por los altos precios de materias primas impulsados por China. Al agotarse ese motor de crecimiento, los países deben cambiar la forma en que generan crecimiento y empleo.

Esta capacidad de adaptación requiere de elementos, como credibilidad, consistencia, pragmatismo.

La credibilidad es relevante para que los agentes económicos y sociales puedan también adaptarse a las nuevas condiciones. Esta depende del nivel de confianza que productores y consumidores sienten respecto al anuncio de políticas o regulaciones, ya que los mensajes son creíbles en función de la correcta interpretación de la necesidad de cambio y la dirección en que las autoridades señalan sus prioridades. Ejemplo, si el motor seguirá siendo el gobierno con altos gastos y más impuestos, o el sector privado impulsado por menos impuestos e incentivos.

Lo anterior se consolida a través de la consistencia. Es decir, la coherencia entre las metas que se fijan y las decisiones que se toman para lograrlas.

Si un país requiere aumentar la inversión privada, local o internacional, las decisiones deben ser focalizadas y repetitivas en una sola dirección.

A veces la intención existe, pero la falta de consistencia, por medidas contradictorias, eliminan los efectos deseados y solo construyen incertidumbre y dudas.

El pragmatismo probablemente es lo más difícil de incorporar en mentes dominadas por los dogmas. La obsesión por una filosofía política nubla la visión y evita la identificación de soluciones que pueden ser útiles. Lee Kuan Yew, ex primer ministro de Singapur, se auto declaró un socialista pragmático, que adaptó a su país aquello que mejor funcionaba en el mundo, para crear una sociedad próspera en un país pequeño.

A nivel empresarial, Carlos Ghosn, presidente ejecutivo de Nissan- Renault, definió que su estilo de toma de decisiones tiene mucho más de pragmatismo que de dogmas, ya que está orientado a resultados, y no al debate.

En la “nueva normalidad”, se requieren políticas orientadas a la apertura, inversión privada, disciplina en gastos gubernamentales, y promover la productividad para mejorar la competitividad de las exportaciones en sectores con ventajas comparativas. Por eso la orientación pro-mercado está ganando espacio en la región, al ser más efectiva para atraer los flujos de divisas que los países requieren sin tener que tomar deudas carísimas.

En Ecuador hay opciones para este viraje de 180 grados, agrupaciones alternativas están subiendo en aceptación y alianzas.

Parece que los electores están aprendiendo que el país no necesita candidatos carismáticos, sino líderes creíbles, consistentes y pragmáticos para un cambio necesario.