Abelardo Pachano

Una brecha complicada

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20 de December de 2013 00:03

El Gobierno da señales de encontrarse entre asustado o estremecido por la situación de la balanza de pagos, particularmente la comercial. No le falta razón pues los resultados de la política económica en el campo del comercio exterior, reconocidos por las propias declaraciones oficiales, son deplorables. Lo malo es la forma cómo actúa para corregir el enorme desbalance creado. Trabaja sólo concentrado en hacer la vida difícil a los importadores con requisitos previos cada vez más complejos y diseminados en las distintas dependencias públicas, con lo cual protege a ineficientes y afecta a los consumidores, pero no se prepara o trabaja con ahínco, con fe y decisión para conmover las posibilidades de exportación.

Datos al canto: dejemos de lado, por un momento, los informes de comercio exterior en dólares y miremos lo ocurrido con el volumen de las exportaciones, es decir, con el esfuerzo real, medido en toneladas físicas de ventas al exterior, para compararlas con las importaciones y de esa forma apreciar, sin el efecto monetario de aumento de precios, que parece llegó a su final, lo alcanzado por el país.

En el año 2006, para tomarlo como referencia, el país exportó 28,6 millones de toneladas (de petróleo el 74%, bananos, café, flores, carros, etc., el restante 26%) e importó 10.1 millones de toneladas (combustibles el 35%, autos, camiones, materias primas, televisores, maquinaria, etc., la diferencia del 65%). La balanza comercial, medida en estos términos era favorable en 18,5 millones de toneladas, explicados por las 21,2 millones de toneladas de petróleo.

En el 2012, último año con datos completos, se exportaron menos toneladas, 27,9 millones, de las cuales 19,6 eran de petróleo, e importaron 12 millones. Es decir, mientras vendemos menos productos, aunque su valor sea superior, compramos más, tanto en volumen como en precio. Conclusión simple: en seis años la promoción de exportaciones no dio ningún resultado mientras las compras de productos extranjeros tuvieron un gran mercado, pues aumentaron, en volumen el 20%.

En dólares las cuentas salen también feas: pasamos de un superávit global de 1 460 millones de dólares a un déficit de 250 millones. Si el análisis se queda sólo en el sector no petrolero, el déficit es 2.3 veces, pasa de 3 700 millones a 8 600 millones en seis años. Este año se acerca a los 10 000 millones.

¡Para qué más números! La realidad demuestra que por este camino no hay salida. Es imposible continuar, por ello debe cambiar el plan y no dedicarse sólo cortar las compras. Modificar la postura internacional, como lo ha hecho Brasil al darse cuenta de su error, y buscar con afán la apertura de mercados en favor de productos nacionales. Obviamente, acompañado de otra política de inversión y por supuesto de gasto público.