Benjamín Rosales

Hartazgo y más mentiras

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Nos ha sorprendido la rapidez con que han crecido las manifestaciones de rechazo a los proyectos de leyes confiscatorias por la plusvalía de inmuebles y a la herencia. Creo que la decidida reacción ciudadana se debe también a las absurdas declaraciones presidenciales contra el emprendimiento familiar, en un país donde la mayoría del empleo formal se origina de este tipo de empresas. También hay un hartazgo, cada vez más generalizado, de la insultante descalificación a los que opinan diferente, de la ausencia total de control de gastos y corrupción, de la prepotencia del Mandatario y del borreguismo de asambleístas.

Hace casi un mes se prendió en Quito una llama ardiente de protesta ciudadana y desde entonces las manifestaciones se han replicado en las más importantes ciudades del país.

El 25 de junio hubo en Guayaquil una multitudinaria marcha convocada por el alcalde Nebot. Estuve, igual que hace cinco años en la convocada para defender la autonomía municipal, en la Plaza de San Francisco.

Entonces, hubo cerca de 200 000 personas, pero el jueves 25, la concentración ciudadana fue mucho mayor: decenas de miles de ciudadanos de diferentes edades y clases sociales abarrotaron la avenida principal de la urbe y las bocacalles aledañas desde el Malecón hasta la Plaza del Centenario. Centenas de pancartas aludían a las inconsultas leyes propuestas, corrupción y actitudes soberbias del Mandatario y sus acólitos. No había en la plaza ningún espacio vacío y era difícil moverse mientras el Alcalde daba su discurso. Nebot, con firmeza, se comprometió a luchar contra imposiciones abusivas y por la libertad y progreso ciudadano.

Después de esta y otras concurridas jornadas de protesta en Quito, Cuenca y Machala, era de esperarse que Correa, funcionarios y asambleístas de AP reflexionaran sobre su cansina prepotencia y cambiaran de actitud. ¡Esto no ha ocurrido! Medios de comunicación oficial y el propio Mandatario pretenden desinformar sobre las masivas protestas populares, y mienten al minimizarlas.

En mayo del 2007 escribí sobre la actitud beligerante del Presidente y advertí: “Si Rafael Correa no aprende a respetar opiniones adversas y corregir errores, más temprano que tarde perderá el favor ciudadano”. Eso parece que está pasando ahora.

Al país no le conviene una desestabilización democrática, Correa debe terminar el periodo para el que fue elegido. Para que eso ocurra debe tranquilizarse, dejar de insultar a opositores y de menoscabar la paz necesaria para afrontar la crisis económica.

Esperemos que el mensaje del papa Francisco llegue al Mandatario y a los airados ciudadanos que lo quieren fuera del poder ya. Deben calmarse los ánimos para que se establezca el diálogo necesario que afronte los problemas nacionales.