Alfredo Negrete

¿Assange y Rusia?

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Las vueltas que dan los hilos de un ovillo son más fáciles de zafarlos que los de la diplomacia internacional. Si se aplica la lógica: observación, contextualización y juego de hipótesis racionales, la conclusión sobre la política de exterior de Ecuador actual resulta ser proclive a la cháchara o al repudio de la comunidad.

En tal escenario hay que ubicar el caso del asilado estrella Julian Assange que a la fecha es un ecuatoriano líder de la libertad de expresión y; probablemente, un artista del chantaje de alto calibre. Este personaje ha tensado las relaciones diplomáticas inglesas y ecuatorianas. Parece un nuevo embajador en el Reino Unido, tiene plena libertad y puede participar con su asesoramiento en la realidad nacional y sobre los problemas mundiales; además ha gozado del respaldo absoluto de dos gobiernos ecuatorianos. Esta compleja situación ya ha producido serios efectos en el exterior y algunos tibios en el Ecuador. El país anfitrión, el Reino Unido ha tolerado la situación varios años; sin embargo, expresó su disgusto cuando la cancillería ecuatoriana se atrevió a que el asilado, además de naturalizado, se convierta en funcionario con inmunidad diplomática. En ese momento la reacción del Foreign Office fue inmediata. Es fiel a las normas del derecho internacional y no permite que se vulneren en su suelo.

En el plano nacional la situación es vergonzante. Se han cumplido los trámites de naturalización- al apuro y en voz baja, como dice un pasodoble español – en un proceso más expedito que la nacionalización de un futbolista extranjero que requiera la tricolor.

En este escenario, surge una inquietud.

¿Qué tan importante es el personaje? ¿Qué nos puede aportar para el desarrollo tecnológico? ¿Podremos ser especialistas y productores en espionaje? ¿O, que secretos guarda celosamente como un seguro de beneficios?

Por eso desconcierta el desempeño oficial.

Se desconoce lo que observa, percibe, procesa y resuelve el primer mandatario. Se concluye hasta el momento que no es un caudillo ni un hombre que responde hepáticamente desde el poder. Tiene mano firme y maneja con habilidad el recurso de la sorpresa.

Tiene la paciencia para la pesca de grandes piezas. Lanza la carnada, espera y luego concluye la faena. En este sentido a la señora canciller, ¿le habrá llegado el anzuelo?

Pero en el caso del exiliado todavía quedan inquietudes en el campo externo. No hay que olvidar a la colaboración desde la embajada con el presidente Putin y la información extraída de los archivos del partido demócrata de los EE.UU. Se acepta sin tapujos que Venezuela geopolíticamente es una cabeza de playa del avance siberiano y que Ecuador pudiera ser una importante base táctica. Para comprender puede ayudar releer el clásico del espionaje mundial de John Le Carré: “El espía que surgió del frío”.

anegrete@elcomercio.org