Alexandra Kennedy-Troya

Arqueoconciencia

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14 de November de 2013 00:01

¿Sabía usted que tenemos una memoria literalmente perforada? Que la humanidad -su conciencia- está siendo sometida a otras formas de esclavitud y ocultamiento de verdades que interrumpen el verdadero desarrollo y fluir de Nosotros en un universo enorme, ancho y aun ajeno.

El sentido de trascendencia en una sociedad secularizada al máximo, ególatra e individualista, se ha perdido flagrantemente. Quizás por ello la reacción de jóvenes grupos que intentan búsquedas espirituales más allá de las religiones institucionalizadas que de algún modo han sido parte de esta prolongada amnesia. Se les llama despectivamente "sectas" y su valor es constantemente puesto en duda por los sectores de poder.

La reacción al sinnúmero de atropellos a nuestro entorno, a considerar nuestros ámbitos psico-bio-sociales en peligro inminente, no solo viene desde los citados grupos espirituales, sino desde quienes anticipan o han anticipado las diversas "caídas" humanas: filósofos, músicos o artistas.

Entro con desconfianza y prejuicio a la exposición Arqueoconciencia de Shamil Baibulatov, parte de la serie La Memoria Perforada que él ha llamado "El efecto invernadero de los líderes-endorphines en los nano-embriones" que se presenta en el Museo Pumapunto de Cuenca. Imágenes/videos/animación 3D/extractos, todos vienen hacia el espectador en forma de enormes misiles cargados en su cara interior de extraños seres y espacios desconocidos, creados en la imaginación, imaginados en y desde la creación o quizás desde la autodestrucción. Decenas de horas de Baibulatov, antes pintor de entes espectrales, dedicadas a bucear en estos extraños mundos de formas ficcionales. Me voy quebrando.

"HOMBRE-metal-arma/y/engendra/al/HOMBRE-vacío-sin/LUZ…", y sigue un texto loco, desesperado, tan angustioso como sus imágenes en las que ha optado desprenderse de la imaginería cotidiana y dar un grito cósmico conmovedor. Me atrapan estas brutales imágenes que nos llegan a una conciencia profunda, sin referentes a la vida diaria, común, plana, ridícula.

La vida linda, la vida del sojuzgamiento donde los poderosos pueden imprimir lo que quieran porque la vida linda está embriagada por el consumo, por la sinrazón. ¡Ay la vida linda! Animo a ver esta extraordinaria puesta en escena, animo no solo a verla sino a pensar en ella, a darnos el tiempo que se necesite.

Solicito al museo patrocinador a eliminar en esta mirada profunda, otra exposición que la interrumpe de entrada con objetos de cerámica pobres y de pobre factura. En este nuevo emprendimiento de su flamante director, Jonathan Kupermann, debe existir criterio en la selección de muestras y en la forma de montarlas. Su gestión se verá enriquecida enormemente, su entusiasmo por reinstalar diálogos de saberes, por buscar nuevas voces deben seguir su curso.