4 de January de 2011 00:00

Amas de casa desesperadas

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El establecimiento de salarios mínimos relativamente elevados, dificulta el empleo de trabajadores jóvenes y poco calificados, ya que su escasa productividad y la naturaleza de las funciones que pueden desempeñar, difícilmente justifican el costo de su empleo formal.

Los más de 330 dólares -incluidos beneficios- que implica el costo del salario mínimo establecido por las autoridades ecuatorianas para 2011, equivalen a casi la mitad del Salario Mínimo vigente en España, un país que posee un PIB per cápita -ajustando por la Paridad del Poder Adquisitivo- cuatro veces superior.

Este hecho -sumado a otras complejidades de las regulaciones laborales- acentuará las dificultades que se han creado para que se incremente el empleo formal, problema que está detrás de las altas tasas de subempleo que mantiene la economía ecuatoriana.

Probablemente el mercado de trabajo doméstico, es uno de los ámbitos en donde la distorsión del salario mínimo es más evidente. Se trata de tareas que casi no requieren calificación alguna -los seres humanos las hemos venido ejecutando durante miles de años- y que usualmente son desempeñadas por mujeres jóvenes que no han completado el colegio o, incluso, la escuela.

En muchos casos, los empleadores comparten su vivienda, alimentos, electricidad, agua y otros servicios con sus domésticas, sin que esos beneficios puedan computarse dentro del salario que están obligados a pagar. Considerando el costo global que representa una relación de este tipo, no debería extrañar que -según representantes del sector- apenas un 4% de las empleadas domésticas del país se encuentren formalmente afiliadas a la Seguridad Social.

Si continúa el incremento indiscriminado de salarios mínimos, sin tomar en cuenta su impacto negativo en la creación de empleos poco calificados, algunos empleadores formales de servicio doméstico podrían verse forzados a tomar decisiones insospechadas.

Los patronos de la clase media es probable que prescindan del trabajo de sus domésticas, o lo precarizen, dejando sin empleo y protección social a trabajadoras que probablemente no tienen otras alternativas laborales.

Pero podría también pasar que alguno de los esposos -el que menos ingresos genere- considere dejar su empleo actual para dedicarse a las tareas de la casa, al descubrir que la diferencia entre su salario y el que debe pagar a su doméstica ya no es significativa

¿Podría acaso un empleador considerar casarse con su doméstica? ¿Por qué no? Ella continuaría haciendo el mismo trabajo, pero ahora su ex patrón no estaría obligado a pagarle un sueldo más beneficios.

¿Quién sabe? Pero las distorsiones producidas por las políticas salariales de la actual administración llenarán algunos hogares de "amas de casa desesperadas".

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