Marco Antonio Rodríguez

Cholango y su inti churi

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Columnista invitado

Tres mundos habitan la tumultuosa personalidad de Amaru Cholango: el indio, el mestizo, el ‘blanco’. Sabio y fogoso, obsesivo y áspero, hostil y tierno, cosmopolita que pregona sus raíces indias, vestido de blanco y negro (camisa y pantalón blancos de algodón), sombrero y chaleco de paño negro y su guango a los vientos, va y viene del viejo continente a su lugar de origen, Ecuador, donde –según me decía hace poco- le están reclamando cada día con mayor intensidad, sus mayores.

Poeta, dibujante, pintor, escultor, instalador, artista en vivo, ha esparcido su creación desde Alemania por todo el mundo.

Con su palabra ‘amaneció’, luego fueron otros lenguajes los que le poseyeron. Jamás está quieto, quizás el carbón encendido de la que está hecha su levadura humana sea la causa. El carbón: mutación perpetua que delata la levedad del ser. El carbón habla de lo que un día fue y de lo que es, pero que dejará de ser. Es, también, devastación, ignominia, ruina.

La obra de Cholango se funda y enraíza como una diatriba corrosiva de Occidente y su exacerbado racionalismo; resistencia a una civilización que ha buscado por siglos el conocimiento sin sentido (armamento nuclear; robótica; cibersexo; clonación; inteligencia artificial…, cuyas derivas son el saqueo de la pacha mama y de nuestra humanidad).

Un instante mágico lo indujo a convertirse en artista visual. Obtuvo una beca para estudiar en el Instituto Geológico en Londres y fue a parar en la Tate Gallery. En sus espacios tuvo la sensación de que estaba en un sueño de ayahuasca cuando vio la obra de Van Gogh, Monet, Turner… Ahí empezó su aventura por las artes visuales.

Exaltado, febril, infatigable, lúcido creador como es, pronto encumbró su nombre en Alemania y Europa. Algunas de sus instalaciones memorables: Enfermedad cultural: atriles con libros antiguos incinerados, comentario cáustico de lo que trajo la conquista; Las carabelas de Colón todavía navegan en tierra, ahítas de peces muertos (la hedentina alude a la intrusión del viejo mundo en el suyo). La trampa: enigmática y críptica, recrea –quizás- la imposibilidad de libertad de los seres humanos en la que cree …

Inti churi es su reciente libro de poesía. Rastreo de sus escabrosos laberintos interiores.

Empecinada aserción de sí mismo, al fin de cuentas no despojada de humildad.

‘El no tiempo enmascarado de hollín/me llamaba desde lejos./¿Dónde está la amada para guarecerme?’ Evasión y retorno. Amor y temblor: muerte: ‘¿Qué dirá el sol mayor/ cuando dos tubérculos/ se hayan posado en mis ojos?’ El tiempo del poeta es la consumación de las estructuras culturales de occidente. Es la era del cambio civilizatorio que ha fagocitado la palabra y el arte convencional. Sin embargo, su palabra esplende como un arado de luz en su propia razón de ser y estar aquí en la tierra. ‘Venir yendo / El oráculo de la Salamandra / ha dejado cenizas…/ El tetraedro está agujereado por los dos lados / ¡Mírate, mírate, no hay salida! / La salida está en ti’.