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10 de November de 2013 00:03

Se cumplen 100 años del nacimiento de Albert Camus, un referente ético y literario para muchos jóvenes que, en el tardofranquismo, suspirábamos por la libertad en medio de un Régimen aislado, que solo sabía repetirse a sí mismo y que reprimía (con la ley en la mano) cualquier disidencia.

Muchos se preguntaban entonces si Camus era realmente un filósofo... Dice Fernando Savater que más bien era un espontáneo que saltó al ruedo de la filosofía sin llevar nada más que su hambre vital a cuestas. Muchos filósofos existencialistas se sentían especialmente atraídos por la idea del absurdo, por el amor imposible entre preguntas y respuestas, esperanzas y frustraciones. Esta distancia infinita entre el ideal y la realidad la experimentamos todos los días los hambrientos de fe, de ética y de ciudadanía.

¡Quién me iba a decir, a estas alturas de la vida, que el recuerdo de Camus alimentaría mis postreras rebeldías! En el muro que nos cierra el paso alguien ha pintado un ventanuco que parece transparentar el cielo. Pero es solo una ilusión saturada de propaganda. Quien sueña y se aventura choca con la dura realidad. Y hoy, como entonces, con la Ley en la mano, te pueden recortar el flequillo del pensamiento. Mi fe religiosa siempre me ayudó a trascender los límites de la libertad y a reclamarla no como un privilegio sino como un derecho. Entiendo que ahí está una de las columnas que sostienen la democracia, muy a pensar de los controles que impone el poder .

Camus fue un seductor, no tanto por su mirada fresca de pillo, sino por su amor a la libertad. Por eso mismo fue un personaje incómodo para los dictadores de izquierda y de derecha, convencido como estaba de que la felicidad humana es imposible a golpes de dependencia y de sometimiento. El sabía que no puede haber felicidad sin libertad, la única manera de ser responsables ante las miserias del mundo y de la vida .

¡Cuánto hubiera deseado que Camus se abriera a la trascendencia de un Dios liberador, capaz de redimir al hombre de sus límites! Siempre, su horizonte y su orgullo, tan atractivos, me resultaron insuficientes. ¡Ay!, si yo pudiera contentarme con "este sol, este mar, mi corazón palpitante de juventud, mi cuerpo salado y este inmenso paisaje donde la ternura y la gloria se reúnen en el dorado y el azul"... Algo tan bello apenas esconde la fragilidad humana .

Camus no fue perfecto, aunque se acercó bastante a la perfección, pero supo amar la condición humana, la justicia y la libertad tanto como la propia vida. Por eso inundó las aulas, llegó a las conciencias y se convirtió en un referente de la libertad personal y colectiva.

En estos tiempos, en que parece que felicidad consiste en salir de compras y en que es preciso mirar de reojo para que el poder no te prohíba, evocar la figura de Camus resulta ser un ejercicio saludable: su figura, y muy especialmente, su orgullo por el mundo de la cultura: "Sin la cultura y la relativa libertad que ella supone, la sociedad, por perfecta que sea, no es más que una jungla".

Es bueno sentir que ahí seguimos, como Sísifo: cargando la roca y luchando por alcanzar la cima.