Pablo Cuvi

Para aguantar la campaña

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Suena un poco irónico desear feliz año nuevo en un planeta controlado por tipos tan peligrosos como Donald Trump, Vladimir Putin y el señor chino que vino a visitar su nuevo patio trasero, patio altivo y soberano que se encuentra endeudado hasta las orejas y donde no alcanzan los años viejos para quemar tanto escándalo de corrupción. Por eso, en lugar de repetir clichés de tarjeta navideña o ver el futuro de mermelada que vende el oficialismo, prefiero recomendar dos libros con retratos escritos de músicos, pintores, novelistas, filósofos y gente por el estilo que se rebeló contra este mundo acosado por falsos redentores.

El primero es ‘Mitologías’, del español Manuel Vicent quien es, para mí, el más fino columnista del diario El País, y esas son palabras mayores, aunque también escriba novelas y sea un maestro del retrato de lugares y personajes. Aquí se da el gusto de perfilar a 28 íconos de la cultura europea y norteamericana, desde aquel adolescente iluminado que fue Arthur Rimbaud, hasta un cantante de ancestro italiano apodado The Voice, que era camorrista, mafioso y un prodigio en la tarima, pero también en la cama: don Frank Sinatra.

En estas páginas descubrimos a las amantes del pintor Modigliani, un guapo que se autodestruyó con el alcohol, y a la fotógrafa Dora Maar, cuyos mismos ojos y lágrimas fue dibujando Picasso en las cuatro mujeres del ‘Guernica’, pero también en el toro y el guerrero destrozado. No faltan filósofos como Wittgestein y el marxista Louis Althusser, que escribió ‘Para leer El Capital’ y terminó estrangulando a su pobre mujer. Ni faltan impostores como el inglés Blunt, homosexual y profesor de arte; ni falsificadores de pinturas como el habilísimo Van Meegeren. Mas mi texto favorito es el de Montgomery Clift, quien, junto a Marlon Brando y James Dean, integran la santísima trinidad del celuloide.

El otro libro que recomiendo proviene de la pluma y la inclinación visual, pero sobretodo del oído musical del colombiano Pablo Montoya: se llama ‘Terceto’ y es anterior a la novela con la que acaba de ganar el premio Rómulo Gallegos. Lo que en Vicent era periodismo del bueno en Montoya es poesía en prosa, de frases cortas que lindan con la perfección.

El libro lleva en mi velador un par de meses y cuando ya no soporto las barbaridades de Maduro o los escándalos de la refinería y de la Odebrecht, lo abro por cualquier lado y releo esos retratos sutiles para aprehender lo esencial de músicos como Mahler, Villa-Lobos o Piazzolla, junto a una larga lista de pintores que van desde El Bosco, que vemos en la portada, hasta su paisano Botero. Uno tiene la impresión de que todos esos personajes son solo el pretexto para que Montoya se dé el gusto de experimentar con el lenguaje y conjugar varios géneros.

Así que para aguantar la millonaria campaña del pacto ético, nada mejor que unas buenas lecturas.

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