Juan E. Guarderas

‘Abrir las puertas del infierno’

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Sobre las puertas del infierno se lee “Por mí se va a la ciudad doliente, por mí se va al eterno sufrimiento, por mí se va donde la raza condenada. La justicia movió a mi sublime Creador, me hizo la divina potestad, el sumo saber y el amor primero. Antes de mí no hubo nada creado, solo lo eterno y yo duraré eternamente, oh quienes entráis aquí abandonad toda esperanza”. Es espeluznante el texto que Dante Alighieri en su Divina Comedia coloca sobre esta célebre entrada, a la altura del macabro lugar al que conduce… respecto a la vida de Estado independiente, ¿sería exacto poner un mensaje similar para quienes quieran entrar allí?

“Al permitir el referéndum escocés, Gran Bretaña ha abierto las puertas del infierno,” esto me dijo recientemente un colega inglés. No podría decirlo, no conozco el infierno, ni he vivido la transición independentista en los peores ejemplos africanos.

Pero la frase de este inglés no solo temía la situación de los escoceses libres, sino el tremendo efecto dominó que puede ocurrir en Europa. Independientemente del resultado de este referéndum, el solo hecho de convocarlo ha causado enormes olas en el continente. Cataluña y País Vasco en España (Galicia, Valencia, Navarra y otras Comunidades Autónomas también podrían quererlo), Córcega en Francia, la separación de flamencos y valones en Bélgica, el norte de Italia, no son pocos los territorios que van a invocar este precedente británico.
En España, el Gobierno central ha bloqueado durante lustros que se consulte al pueblo catalán respecto a su independencia. En este mismo momento, el presidente Rajoy hace todo lo posible e imposible para impedir que el President de la Generalitat de Catalunya (máxima autoridad del gobierno regional) convoque un referéndum para el 9 de noviembre. Pero con el ejemplo de sus vecinos del norte –el referéndum escocés recién nació con la formación del Gobierno en minoría del Partido Nacional Escocés en el 2007, muchísimo después que otras iniciativas europeas– no podrán impedirlo mucho tiempo más.

Precisamente hay que recalcar la extraordinaria madurez democrática de la clase política del Reino Unido al permitir la consulta.

Y ahora se pondrá a prueba la madurez política del resto de países, para permitir procesos similares y, en su caso, reconocer a nuevos Estados independientes fruto de verdaderos procesos democráticos (a pesar de no tener interés en hacerlo, para no avivar sus propios movimientos separatistas).

La doctrina de la libre determinación de los pueblos está en plena evolución, empezó desde la independencia de Kosovo. Está pasando de ser una posibilidad limitada para aquellos territorios que cumplan con una estricta lista de requisitos, a ser una opción democrática… cosa que dista de ser algo infernal.

jguarderas@elcomercio.org