Pablo Cuvi

El abogado del diablo

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Un viejo adagio recomienda no vender la piel antes de cazar al oso. En este caso el oso tiene nombre y apellido y anda suelto por su antigua hacienda agitando el resentimiento de sus bases mientras en los cenáculos capitalinos, entre whisky y whisky, la élite discute lo que deberá hacer Moreno y a quiénes deberá nombrar luego de la arrolladora victoria del 4 de febrero.

Peligroso error porque esta es una elección complicada donde ambos lados buscan el voto negativo. Con los adornos de la corrupción y preguntas contra los abusos sexuales y otras hierbas, la consulta fue lanzada por el Gobierno para decir No a la reelección de Correa. (Primera confusión a favor de este: para lograr ese No hay que votar Sí). Del lado de RC suena más simple: No a la consulta y a la ‘traición’ de Moreno, a quien lo pintan aliado con Lasso, Nebot y el pasado oligárquico. Es el clásico No al poder, poder que hoy encarna Lenín mientras RC asume el atractivo papel de justiciero. Con el añadido de que a la mayoría le gusta votar contra los poderosos y le importa poco el tema de la corrupción ‘porque todos los políticos roban, ñaño, pero con Correa estábamos mejor’.

Segundo problema: el No a la consulta tiene una sola cara, amada o detestada pero visible y coherente con su discurso de la venganza y el retorno. Por el contrario, el Sí es abanderado por varios personajes secundarios con aromas de oportunismo y un largo rabo de paja. Así, Gustavo Larrea es recordado como el artífice de los manteles que dieron todo el poder a Correa; y la señora Vicuña era la mas fogosa defensora de la reelección hace poquito. A ellos se suman otros destacados (ex)correístas como el prefecto Baroja, Raúl Patiño, la canciller, Miguel Carvajal y diversas organizaciones tan volubles como la ID ‘que siempre corre en auxilio del ganador’.

Aunque crítico del Gobierno, Lasso reinvindica como suya la consulta. Tiene razón pero con ello da pie a la acusación de que la revolución se entregó a la derecha. Si Lenín, que es el único coteja de RC, no se lanza de lleno a la campaña, muchos desencantados anularán el voto en rechazo a todos y a todo, engrosando la tercera respuesta negativa. Como me dijo un resabiado: ¿por qué diablos voy a votar Sí por la política internacional de la canciller y de ese ministro que sigue endeudándonos? Le faltó añadir: ¡que se joda todo!

Un dato adicional, que se volvió sorpresivo desde la elección de Abdalá en el 96, es el voto vergonzante. Tampoco ahora conviene pronunciarse públicamente por RC, pero en la intimidad de la urna muchos burócratas que fungen de morenistas y mucha gente de a pie votará por la reelección del caudillo que les robó el alma. A ellos se unirán esas autoridades electas que adoran el repituche. Por ahora las encuestas arrojan un 30% por el No a la pregunta 2. Ese es, hace rato, el voto duro de RC. Todo lo que suba de allí será visto como un aumento de su capital político. ¿A quién le echamos la culpa?

pcuvi@elcomercio.org