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8 de March de 2013 00:03

Aveces nos sentimos hondamente conmovidos por la claridad en la información, aquella que es simple de entender porque, sin dar para malas interpretaciones, es simplemente transparente y a la cual poco a poco nos hemos ido desacostumbrando. Aquellas palabras que con dignidad menciona a todos los involucrados agradeciendo su participación en cualquier acto, evento u obra; brindando el real valor a cada participante y sus actuaciones. Esa información que nos instruye y construye, la verdadera historia: la obra del aeropuerto nuevo estaba construida en un 72% cuando Paco Moncayo entregó su gestión como alcalde. Un 72% en obras, que equivale a un 100% de aprobación a sus dignas palabras, verdaderas, profundas, constructivas.

En un homenaje que, acertadamente le brinda la Cámara de Comercio de Quito, luego de ser condecorado y fuertemente aplaudido, el Burgomaestre de la ciudad por dos periodos, tomó la palabra y con su mirada transparente y su voz llena de honestidad, narró sin vacilación y, con trasparencia total, la historia del Nuevo Aeropuerto de Quito, comenzando en los años 70. En sus palabras, fieles a los sucesos, participantes, sean estas instituciones públicas o privadas, autoridades o personas naturales, fieles al hecho de que el aeropuerto hoy no existiría sino fuera por la participación de todos los quiteños y sus gobiernos nacionales y locales, no uno, sino varios, demostró su calidad humana, ese 72% de obra lista hasta que acabó su gestión que equivale a 100% de respeto, porque bobos no somos y merecemos la verdad y nada menos que esa verdadque como ciudadanos de esta gran ciudad nos merecemos.

Viéndole cómo es y para no alargar el cuento, la verdad, la honestidad, la claridad, la sinceridad de este hombre que ha dedicado su vida al servicio del Ecuador es el ejemplo de políticos que este país necesita. Uno que no necesite de placas para recordar hechos, que no tenga miedo de hablar la pura y neta verdad y que dentro de ella agradezca a todos, inclusive a sus contrincante, con sinceridad por haber terminado el 28% de las obras en estos últimos cuatro años. Una obra que no le pertenece al Presidente ni al Alcalde, sino a los quiteños y a los ecuatorianos que, a través de esta gran obra, abre sus puertas a un mundo diferente, a pesar de que una de las importantes vías que ya estaba contratada no se dio en la reconfirmación de un contrato que, como lo aceptan tácitamente, no tenía sobreprecio.

Bien, ¡felicitaciones!, qué viva todo hombre o mujer que quiera; se atreva a ser honesto sin miedo, a decir cómo son las cosas sin temor, que lo diga con la sencillez que sólo un ser digno lo puede hacer. Ojalá nuestros políticos fueran así, al 100% dando rienda suelta a su calidad humana y que los podría convertir en candidatos para guiar a un pueblo en cualquier función.