26 de December de 2010 00:00

2011

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Jorge Gallardo

Hace dos años atrás el mundo enfrentaba una de las peores crisis económicas y financieras de la postguerra. Los pronósticos sobre el desenlace de la situación no eran para nada positivos. El sistema financiero de la economía más grande del mundo a punto de colapsar; la economía caía en recesión empujada por la explosión de la burbuja inmobiliaria, y el mercado laboral registraba altos índices de desempleo. La crisis americana, contagió a las economías europeas y a sus sistemas financieros. Los países de la periferia de Europa con crecientes déficits en sus cuentas públicas, los mismos que dieron lugar a un crecimiento explosivo del endeudamiento público han puesto en vilo la estabilidad social y política de aquellos países y en entredicho la viabilidad futura del sistema monetario único. Ante esta situación los países volvieron a acudir a las políticas keynesianas- tan echadas de menos en la época del surgimiento del pensamiento neoliberal- expandiendo el gasto público para estimular las economías y salvar al sistema financiero. Políticas que pusieron más presión al endeudamiento público, que era la única fuente de recursos disponibles para financiar los crecientes déficits y los programas de estímulo. Sin embargo, la expansión fiscal no fue suficiente para salir de la recesión y revitalizar al sistema financiero. Se hizo necesario aplicar medidas complementarias por el lado monetario. Así los Bancos Centrales aplicaron programas para comprar activos financieros para poner a funcionar a los mercados que se encontraban paralizados. Estas políticas de relajamiento cuantitativo, estaban orientadas a expandir los balances de los Bancos Centrales para estimular las economías. Para 2011 la Reserva Federal aplicará un segundo programa, para lo cual imprimirá dinero para comprar papeles y mantener bajas las tasas de interés de largo plazo para sostener la reactivación económica. Mientras tanto en Europa algunas economías están atravesando por graves problemas fiscales, bancarios y de endeudamiento que podría contagiar a otros países y echar al traste a la frágil recuperación. El 2011 será testigo de las primeras restructuraciones de deudas de los países de la periferia de Europa para bajar su valor nominal y ubicarlas en niveles manejables con el tamaño de sus economías. Mientras tanto en EE.UU. una nueva correlación de fuerzas políticas en el Congreso podría poner obstáculos al programa de estímulo económico. 2011 no luce para nada promisorio para la economía mundial lo que podría afectar el desempeño de las economías emergentes y con ello al precio de las materias primas. Por lo tanto hay que estar atentos para enfrentar una nueva desaceleración de la economía y del comercio mundial.

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