Bongo, Pretty, Pirulina, Loba y Leila son los perros que cuida el padre Leonardo Merino, en la iglesia de Nayón. Foto: Paul Rivas/ Narices Frías.

Bongo, Pretty, Pirulina, Loba y Leila son los perros que cuida el padre Leonardo Merino, en la iglesia de Nayón. Foto: Paul Rivas/ Narices Frías.

Perros abandonados aprenden lo que es el amor en Nayón

Gabriela Castellanos
Redactora (I)
mgcastellanos@elcomercio.com

En el patio que queda junto al despacho del padre Leonardo Merino, párroco de Nayón, ladran cinco perros. Esperan ansiosos que el sacerdote se desocupe de sus encuentros con los moradores de la zona para que pueda salir y jugar con ellos un momento.

Todos son adoptados. Leila, una perra grande de color marrón, fue arrojada de un vehículo en movimiento en la avenida Simón Bolívar, cuando era una cachorra. Afortunadamente, Merino vio lo ocurrido y pudo detenerse a ayudar.

Aunque es algo desconfiada con algunas personas, Leila es dulce y juguetona. En sus gestos parecería mostrar su agradecimiento al sacerdote.

Fuera de la iglesia hay otros canes. Cuando llueve se refugian bajo los techos de las casas del parque central. Otros incluso entran al despacho a esperar que pase el aguacero. El padre también los cuida y los alimenta.

“La gente de Quito viene y abandona a sus animales aquí”, asegura. Esto sucede especialmente los fines de semana. Al igual que Leila, muchos son dejados en la Simón Bolívar. Cuando hay ferias los fines de semana bajan hacia el pueblo buscando alimento y abrigo.

Los quiteños dejan abandonados a sus perros en esa parroquia rural. Los moradores y el párroco socorren a los animales. Foto: Paúl Rivas/ Narices Frías.

Los quiteños dejan abandonados a sus perros en esa parroquia rural. Los moradores y el párroco socorren a los animales. Foto: Paúl Rivas/ Narices Frías.

Cristina Cuty vive en Nayón desde hace más de 20 años. “Cada vez hay más perros callejeros. Nosotros hemos adoptado algunos, pero la gente sigue dejándolos aquí”, cuenta. Ella tiene tres perros: Luna, Muki y Pocho.

Recuerda que rescató a Pocho cuando lo vio asustado por una calle cercana al parque. “Se notaba que tenía dueño. Puse carteles, busqué por todas partes, pero su familia no apareció”, dice. Ella está segura de que fue abandonado por ser de raza grande.

Aunque hay personas que están dispuestas a ayudar, también hay otras que consideran a los animales un estorbo. Solo en una semana se conoció de dos envenenamientos.

“Encontramos a unos delincuentes con una funda de alimento para mascotas mezclado con veneno”, asegura Merino. En las misas que se ofrecen en la iglesia busca concienciar a la gente hablando de los animales. “No son objetos, son ángeles de cuatro patas y tienen sentimientos”, les recuerda el cura a los nayonenses.

Merino siente que cada vez hay más sensibilidad. Una muestra de ello es la asistencia masiva a una bendición que se realiza desde el 2015 para los animales. Se la hace con motivo de San Francisco de Asís, patrono de los animales y de los ecologistas.

Este año llegaron cerca de 120 perros con sus dueños. Durante estos eventos, las personas reflexionan sobre el papel de los animales en sus vidas. Se capacitan sobre cuidado responsable y aprenden a hacerlos parte de la familia.

Aunque no hay un censo de mascotas en la parroquia de 15 000 habitantes, el sacerdote cree que el número de animales está creciendo descontroladamente. Para ello ha coordinado dos campañas de esterilización con Protección Animal Ecuador (PAE) y Urbanimal.