25 de June de 2011 00:02

Los intocables

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Cuando alguien es candidato para ostentar alguna dignidad, hace de todo, pone rostro angelical y abraza niños, ama a los ancianos, ofrece trabajo a los mendigos, seguridad a los asaltados, su mano la extiende a todo el sufrido pueblo que necesita urgente un salvador y, lo más importante, siempre le acompaña una sonrisa inacabable, como si hubiera seguido alguna cátedra con Patch Adams o, en nuestro país, con los payasitos Bobito y Tontolín.
Pero cuando consigue el cargo anhelado y alguien se atreve a pedirle una cita, ¡Sálvese quien pueda!, primero es atendido por un chorro de secretarias y asistentes ineptos y mal encarados, que para no darle cita le dicen que su jefe tiene "tanto trabajo" que quién sabe le pueda atender después de un año. A cada uno, les tiene que contar el caso que desea tratar, así sea muy delicado de decir. No le preguntan para darle una solución, sino por curiosidad.
Luego y para apaciguarle dicen "regrese en una semana, seguro le tendremos una solución", pero cuando vuelve ni se acuerdan de usted y de nuevo tiene que contar todo, etc. En este punto jamás habló, ni hablará con "el jefe del circo" sino con unos cuántos aprendices de payaso y "Caso Cerrado".
Si esto que relato tiene semejanza a lo que sucede con una Concejala, a veces Alcaldesa, es pura coincidencia.

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