22 de January de 2010 00:00

Fondo y forma

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Enrique Ayala Mora

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Explotar petróleo siempre daña el ambiente. Pero un país debe explotar sus recursos y es absurdo plantear simplemente que se deje todo el petróleo bajo tierra. El fundamentalismo ecologista es una forma bastante burda del simplismo político, que absolutiza un elemento y lo vuelve determinante, cuando la realidad es compleja.

Para un país pobre que tiene recursos naturales que debe explotar para invertir en su desarrollo, la solución no es cerrarse a la banda con el discurso unidimensional, sino poner todos los recaudos para que esa explotación se haga protegiendo al ambiente y garantizando el beneficio nacional. Hay lugares donde los peligros existen, pero pueden ser enfrentados. Allí debe sacarse el petróleo con todas las garantías y precauciones.

Hay, sin embargo, otros sitios donde la explotación petrolera causa daños directos e irreparables a la gente y puede provocar un daño ambiental grande. Ese es el caso de Yasuní, donde las comunidades indígenas y la Amazonia no podrían, según dicen los entendidos, soportar una extracción hidrocarburífera sin recibir perjuicios graves y permanentes.

Por ello, el Gobierno acogió la iniciativa de plantear un compromiso a la comunidad internacional. En gesto pionero propuso que dejaría de explotar petróleo en una zona particularmente sensible, si podía contar con los recursos que recibiría por poner en producción los pozos que allí se levantarían.

Al parecer, las negociaciones marchaban hasta que una intervención presidencial pública provocó un escándalo con la salida del Canciller y el retiro de los negociadores. Los que estamos fuera del gobierno no conocemos detalles, pero nos damos cuenta de que se produjo un desentendimiento con el jefe de Estado, que con su actitud no solo paró la negociación, sino que les dijo vela verde a dos ex colaboradores.

Se ha dicho que en lo de fondo, es decir en la decisión de no explotar petróleo a cambio del fideicomiso, el presidente está de acuerdo. Pero las formas que utilizó al referirse al tema perjudicaron la iniciativa. Si había que rectificar algún punto de la negociación o pedirle al PNUD que no cobre precios prohibitivos, el presidente tiene autoridad para hacer las cosas sin escandalizar y agredir.

No estoy de acuerdo con el fundamentalismo ecologista y otros fundamentalismos de Alberto Acosta, porque me han pesado. Y sobre todo porque creo que no le hacen bien al país. Pero optar por insultarlo, por descalificar su genuina preocupación nacional, está muy mal.

Si el Presidente tiene compromiso con el ambiente, las formas que usa lo dañan todo. Enfrentan a la gente, dan el terrible mal ejemplo de usar la ofensa como política de Estado, mandan a un cuerno la imagen internacional del Ecuador y, sobre todo, perjudican al país, que merece una iniciativa como la ITT.

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