9 de diciembre de 2018 00:00

Zamora Chinchipe: 600 personas cuidan su reserva

La población de la comunidad de San Andrés busca desarrollar el turismo alternativo en este sector. Foto: Lineida Castillo / EL COMERCIO

La población de la comunidad de San Andrés busca desarrollar el turismo alternativo en este sector. Foto: Lineida Castillo / EL COMERCIO

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Lineida Castillo
Redactora
(F-Contenido intercultural)

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Caía la tarde. La luz solar ya casi no alumbraba y un lobo de páramo cruzó lento la angosta carretera de tierra que atraviesa el Parque Nacional Yacuri.

En el 2009, el Ministerio de Ambiente declaró esta zona como área protegida. Yacuri tiene 43 090 hectáreas de bosque de páramo y matorrales y está ubicado entre las provincias de Loja y Zamora Chinchipe, en la frontera con el Perú. Cerca de 9 000 hectáreas son cuidadas por los habitantes de la parroquia San Andrés, perteneciente al cantón zamorano de Chinchipe.

La Junta Parroquial dirige el proyecto de protección, que incluye el control de la cacería y tala de árboles, charlas dirigidas a los estudiantes, mingas comunitarias para adecentar los senderos que llevan a los sitios más importantes y el monitoreo de la zona. 600 personas de San Andrés participan.

Según el presidente del Gobierno Parroquial, Martín Jiménez, con estas acciones mejoraron las condiciones para la reproducción del lobo de páramo y otros animales como el tapir, la guanta y el chonto (especie de venado).

Jiménez, siempre que ingresa a la reserva, encuentra algunos de estos ejemplares. “Hasta hace unos cinco años era difícil porque la cacería estaba por acabar con algunas especies como el oso de anteojos”, dijo Marlene Gaona, quien participa en las mingas.

El Ministerio del Ambiente identificó 18 especies de mamíferos, 111 de aves y 11 de anfibios en esta reserva. Además, hay un registro de 280 plantas, de las cuales 32 son endémicas. Alberga árboles como el cedro, pino, laurel, cucharillo y otros.

La última de las 10 mingas del 2018, programada por la Junta Parroquial con las familias de San Andrés, fue el mes pasado. Unas 500 personas -por turnos los fines de semana- acarrearon las piedras y troncos para construir un sendero de un kilómetro y acceder a laguna de El Golpeadero.

La reserva de Yacuri tiene 16 pequeñas y grandes lagunas. En la zona hay lloviznas casi permanentes, neblina y vientos fuertes que remesen el pajonal.
En verano, los rayos del sol caen sobre las aguas cristalinas y embellecen el paisaje.

En las montañas nacen vertientes, quebradas y ríos como el Blanco y el Isimanchi que forman las cuencas binacionales Mayo-Chinchipe y Catamayo-Chira.

“La protección del agua es el principal objetivo que nos mueve a cuidar el bosque, para no sufrir los efectos de la sequía”, dijo el Presidente de la Junta Parroquial. Los primeros habitantes llegaron en 1963 desde Jimbura y Amaluza (poblados fronterizos) donde había prolongadas sequías, dijo Víctor Jiménez.

Esta reserva es un corredor biológico transfronterizo que limita al norte con el Parque Nacional Podocarpus y al sur con el Santuario Natural de Tabaconas-Namballe, del Perú. Tiene zonas de páramos, bosque de neblina y matorrales secos de altura.

Por eso, las acciones para conservar el recurso hídrico también favorecen al noroccidente de Perú, dijo la comunera Marlene Gaona. Por su ubicación y riqueza, el Yacuri es parte de las zonas núcleos de la Reserva de Biósfera Podocarpus-El Cóndoy y de importancia para la conservación de la biodiversidad del sur del país.

El 2019, la Junta Parroquial pedirá al Ministerio del Ambiente que incluyan 15 000 hectáreas de la zona norte. Su idea es aumentar la protección de las nacientes de agua y evitar las concesiones mineras.

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