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Xavier Colamarco dejó Ecuador con una maleta llena de ganas y una meta: contar historias.
Pasó por comerciales, documentales y largas jornadas en sets desconocidos. Luego, entre otras cosas, vino ‘The Last of Us‘. Esta es su historia. Una historia de cine, amor y resistencia.
Hace más de dos décadas, Xavier Colamarco era un adolescente que trabajaba como extra en un comercial filmado en Ecuador.
No era su primera experiencia frente a una cámara, pero sí fue la más decisiva.
Al escuchar el sonido mecánico de una cámara de 35 milímetros, algo hizo clic dentro de él: no quería estar frente al lente, sino detrás. Ese fue el instante que marcaría su destino profesional.
“Fue como: ‘Guau, realmente quisiera estar detrás de cámaras’. Ahí empezó todo.”
Ese deseo inicial lo llevó por un camino largo, complejo y profundamente transformador que, tras muchos años de trabajo y estudio, lo llevó a formar parte del equipo técnico de una de las series más importantes de los últimos tiempos: The Last of Us.
Xavier estudió Comunicación Audiovisual y Multimedia en una universidad de Guayaquil. Durante ocho años trabajó en la industria audiovisual ecuatoriana, involucrándose en comerciales, documentales y otros proyectos. Su sueño de migrar no era nuevo, y aunque su primera opción era Barcelona, un giro en su vida personal lo llevó en otra dirección.
Conoció a quien hoy es su esposa y, siguiendo a su familia, emigró a Vancouver, Canadá. En 2016 ingresó a la prestigiosa Vancouver Film School, donde cursó un intensivo año de formación en producción cinematográfica. Esta decisión marcaría el inicio de una nueva etapa en su carrera.
Uno de los proyectos que más lo marcó fue su documental de titulación: Cuando la mente baila, grabado en el Hospital de Neurociencia de Guayaquil. El cortometraje seguía la historia de una bailarina que atravesaba un tratamiento de salud mental. La obra no solo fue bien recibida, sino que también se proyectó en los Encuentros del Otro Cine (EDOC) de 2010.
Ese proyecto reveló su sensibilidad por las historias humanas y su capacidad para conectar la técnica cinematográfica con causas sociales, una habilidad que lo seguiría acompañando en los años venideros.
Instalarse en Canadá no fue fácil. Tuvo que comenzar desde abajo, a pesar de su experiencia previa. La resiliencia, cuenta Xavier, fue clave. Y también un poco de suerte. Diez años después de aquel primer documental, una oportunidad inesperada tocó a su puerta: un compañero le pidió que lo reemplazara por unos días en el rodaje de la serie The Last of Us.
“Solo me tomó diez años, ja, ja.”
Lo que comenzó como unos pocos días de trabajo se transformó en una participación extendida cuando el equipo notó su desempeño y lo reclutó para colaborar en una parte crucial del episodio 2.
Aunque no era su primera experiencia en un set de gran escala, Xavier destaca que las producciones millonarias como The Last of Us funcionan bajo estándares muy exigentes. El ritmo de trabajo es implacable y cada miembro del equipo debe adaptarse al instante.
“La diferencia está en los estándares. Ya sea que alguien trabaje dos meses o un solo día, tiene que entender todo ‘on the spot’.”
Aun así, dice que su capacidad para trabajar tanto en videos corporativos como en megaproducciones le ha dado una versatilidad que valora mucho.
Ser parte de una producción como The Last of Us no solo representó un logro profesional, sino también un motivo de orgullo como ecuatoriano en el extranjero. Su historia es un testimonio de vocación, adaptación y perseverancia.
Xavier Colamarco sigue trabajando en la industria audiovisual en Canadá, y aunque su camino ha sido largo y lleno de desafíos, continúa con la misma pasión que sintió aquel primer día, cuando una cámara cambió su vida para siempre.




