Podcast: Entérese con EL COMERCIO, 15 de junio del 2021
El Metro de Quito afronta dos realidades opuestas
En Durán hay temor por grupos que se dedican al sicariato
Habitantes de la parroquia Telimbela, en Bolívar, vi…
USD 7600 millones deja de percibir Ecuador por evasi…
Segundo año de graduaciones en época de pandemia
La Asamblea retoma este 15 de junio las sesiones pre…
La lista oficial de especies de mamíferos crece en Ecuador

Un vistazo al realismo mágico de Jorge Chalco por el Yasuní

En algunas obras Chalco se vuelve parte del paisaje. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

En algunas obras Chalco se vuelve parte del paisaje. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

Varias de las obras de Jorge Chalco son murales sobre el mundo del Yasuní. Foto: Patricio Terán / El Comercio

Hace seis años, Jorge Chalco recibió una invitación para recorrer, junto a un biólogo y un antropólogo, la Estación Científica del Yasuní de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE). Durante siete días, el artista cuencano, observó, fotografió e hizo dibujos de este paisaje rico en biodiversidad.

Esas imágenes, que luego se convirtieron en la serie Yasuní Amazonas, murales poblados de vegetación, animales y figuras femeninas, ahora serán parte de la muestra ‘Chalco. Un artista entre dos mundos’. Esta se inaugura el próximo jueves, a las 19:00, en el Centro Cultural de la PUCE.

Los murales de Chalco son un ‘puzzle’ hecho de paneles, donde lo real se funde con lo mágico y lo grotesco. En ‘Existo, luego pinto, respiro luego pienso’, una de las obras más potentes de la serie, el artista pinta a una mujer con el cuerpo lleno de hojas, cuyo útero se convierte en la raíz de un gigantesco árbol. Es una muestra de la idea de simbiosis que existe entre la naturaleza y los seres humanos.

Chalco cuenta que el interés por la conservación de la naturaleza que le despertó su visita al Yasuní estuvo acompañado de una serie de cambios en su vida, entre ellas su forma de alimentarse.

En los murales de Chalco llama la atención el guiño al mundo del grafiti. Muchas de sus obras podrían colarse, sin ningún empacho, en las paredes de cualquier ciudad del país. Hay obras como ‘La serpiente y la guacamaya’ donde sus pinceladas parecen provenir de un manejo depurado del aerosol.

En esta exposición, donde se pueden ver más de 100 cuadros, también se incluyen piezas de las series ‘I lo real maravilloso’, ‘Estudio del color y la forma’, ‘Migrantes y corruptos’ e ‘Imágenes Profundas’. En estas obras aparece el Chalco que ha ido mutando a lo largo de más de 50 años de trabajo;un proceso artístico que empezó con su interés por mostrar la diversidad del espacio geográfico de Cuenca y sus alrededores. En los años 70 pintaba las fiestas de pueblo y a sus personajes. Le interesaba dar vida a ese mundo donde los seres humanos se despojan de las máscaras y se entregan a los ritos, en palabras del poeta Octavio Paz.

Luego, Chalco se interesó por el abstraccionismo y los mundos surreales. La forma y el color se convirtieron en su impronta. De esta época aparecen cuadros como ‘Ilusionismo Viajero’, una pieza artística con la que ganó el Premio Único, en el Salón Mariano Aguilera de 1984.

En algunas obras Chalco se vuelve parte del paisaje. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

En esta muestra hay una serie de cuadros donde Chalco aparece mimetizado en el paisaje. Su cabeza es parte del cuerpo de un mono que está subido en el tronco de un árbol, donde su cuerpo desnudo y sangrante es atravesado por una serie de lanzas o donde su cabeza aparece desprendida de su cuerpo. Estas obras son parte de ‘Imágenes Profundas’.

En esta serie, cuenta el artista, hay una exploración de su mundo interior; una necesidad de hurgar en lo profundo de sus ser para sacar a la luz sus incertidumbres y egos.

Mirando el conjunto de su obra también se descubre que durante estas cinco décadas Chalco ha creado su propio bestiario pictórico, mundos donde los tigres, caballos, aves, serpientes, e insectos se vuelven una constante. Uno de los cuadros que más impactan es ‘El señor de los Andes’, donde aparece un cóndor majestuoso bañado de colores azules, rojos y tierra cuya alas parecen guardar otros mundos.

Como lo anotó Jorge Dávila Vázquez en el texto ‘La recuperación de la magia’, Chalco es “sin duda uno de los grandes pintores ecuatorianos. Un artista de nuestro tiempo, que capta aquello que lo deslumbra en el medio natural”.