9 de julio de 2019 00:00

Urdaneta reedita una batalla en nombre del Sagrado Corazón en Saraguro

La comunidad indígena Saraguro de Cáñaro cada año representa a las tropas militares que intentan poner orden. Foto: Lineida Castillo/ EL COMERCIO

La comunidad indígena Saraguro de Cáñaro cada año representa a las tropas militares que intentan poner orden. Foto: Lineida Castillo/ EL COMERCIO

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Lineida Castillo
Redactora
(F-Contenido Intercultural)

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Disfrazados, bailes, comida, dramatizaciones y una eucaristía se viven en la Batalla de Urdaneta, una celebración religiosa-cultural que se reedita cada 30 de junio en honor al Sagrado Corazón de Jesús.

Esta fiesta se realiza en Urdaneta, una de las 10 parroquias del cantón lojano de Saraguro, donde conviven indígenas y mestizos que conservan sus costumbres y tradiciones. Las familias se dedican a la agricultura y hay hermosos destinos turísticos naturales.

En la Batalla de Urdaneta participan las comunidades de esta parroquia y de la vecina San Antonio de Cumbe. Según los registros históricos, esta celebración nació en la Gran Colombia tras las disputas entre Ecuador y Perú.

En aquella época, los católicos de Urdaneta se encomendaron al Sagrado Corazón de Jesús para que los enemigos se alejen de este territorio, sin causar muertes. Así ocurrió y desde entonces le atribuyeron este favor a esta imagen y en su nombre realizan la fiesta.

A las 06:00 del domingo 7 de julio del 2019, el estruendo de cohetes anunció la salida de las delegaciones de las comunidades. Los de Quillín y Piñán vistieron y representaron a los jíbaros y shuar; mientras que los de Cáñaro, comunidad indígena Saraguro, a las tropas del ejército.

Cada delegación de las comunidades –por separado- avanza acompañada de bandas de pueblo, mientras bailan y hacen ruido. A su paso les invitan a las casas de los priostes para servirse algo de comer: por lo general ofrecen queso, mote, cuy, miel de panela y chicha de jora.

Los devotos de las comunidades comparten comida con las personas que se disfrazan para la Batalla de Urdan. Foto: Lineida Castillo/ EL COMERCIO

Los devotos de las comunidades comparten comida con las personas que se disfrazan para la Batalla de Urdan. Foto: Lineida Castillo/ EL COMERCIO

José Maya, Albita Armijos, María Maya, Enrique Silva, Anita Vera y Ángel Morocho cuentan que cada año asumen el priostazgo para agradecer por los favores recibidos y aportar para que se mantenga viva esta tradición.

A las 10:00, los disfrazados llegan y se toman la plaza con gritos y sonidos estruendosos de tambores. Otros saltan alegres con bailes improvisados. Una hora después y mientras dura la eucaristía -así como ocurrió el fin de semana- en la Iglesia central, el pueblo se queda en absoluto silencio.

Al terminar la eucaristía, la imagen sale en procesión por las calles céntricas de la cabecera parroquial. Primero van los coloridos personajes que representan a las Tropas de Urdaneta. Más atrás les siguen los devotos y sus cantos.

Los disfrazados bailan en la puerta de la iglesia, como una ofrenda al Corazón de Jesús y de allí la imagen ingresa a su altar. Enseguida los personajes se toman la plaza para recrear el episodio de la guerra entre jíbaros y militares.

No hay heridos ni caídos en el combate, porque la guerra es de improvisados bailes que llaman a la reflexión sobre el cuidado del ambiente y la defensa de la pachamama.

La delegación del Ejército representa al Estado y los jíbaros a la Amazonía con su riqueza en flora, fauna y agua. Sabino Armijos, de 62 años y del barrio Quillín, dirige a los jíbaros. Lleva el rostro pintado, el cuerpo cubierto con prendas cortas y una peluca.

Él cuenta que de niño su padre le hacía participan y desde entonces se involucra. Entre los disfrazados hay niños, jóvenes y adultos. El objetivo de los personajes es hacer reír a los presentes, y para eso preparan la obra y ensayan con un mes de anticipación.

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