Una ecuatoriana en la escena teatral de Nueva York

Una ecuatoriana forma parte de American Mime Theatre en Nueva York. Su historia cruza teatro físico, identidad y un puente artístico con Ecuador.

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La artista escénica e intérprete ecuatoriana Melanie Santos Cordero forma parte de American Mime Theatre, una compañía especializada de Nueva York donde el cuerpo, la técnica y la presencia escénica son el centro de la creación teatral.

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Ecuatoriana en American Mime Theatre Nueva York

Melanie Santos Cordero nació en Quito, creció en Cuenca y hoy construye una carrera artística en una de las ciudades más exigentes del mundo para el teatro: Nueva York. Su presencia como parte de American Mime Theatre marca un paso importante en su trayectoria, no solo por el nivel de preparación que exige esta compañía, sino porque confirma el camino de una artista ecuatoriana que ha sabido abrirse espacio con disciplina, sensibilidad y una identidad profundamente ligada a sus raíces.

Aunque su vida ha estado marcada por distintos países, Melanie mantiene clara su pertenencia. A los 16 años migró con su familia a Toronto, Canadá, y desde entonces su identidad se ha ido construyendo entre Ecuador, Canadá y Estados Unidos.

“Mi identidad es un poco mezclada. Estuve en Cuenca hasta los 16 y ahí nos mudamos a Toronto. Entonces soy un poco ecuatoriana, un poco canadiense y un poco de todos lados. Las identidades se mezclan a medida que vas creciendo y cambiando de lugares. Pero yo, ecuatoriana siempre y muy orgullosa de ser ecuatoriana”.

El cuerpo como lenguaje

En American Mime Theatre, Melanie trabaja desde el mimo americano y el teatro físico, una propuesta muy distinta al cliché del mimo tradicional. Aquí el cuerpo no es un adorno: es lenguaje, emoción y relato. Cada movimiento tiene intención. Cada gesto busca conectar con el público desde un lugar más profundo que las palabras.

Su camino artístico comenzó desde niña. Sus padres trabajaban en la Casa de la Cultura, y ese entorno la acercó temprano al teatro, a los artistas y a la vida cultural. Aunque nació en Quito, su memoria afectiva está muy ligada a Cuenca, ciudad donde creció y donde empezó a descubrir su vocación.

Para ella, vivir entre culturas ha sido una escuela humana y artística. Más que una dificultad, lo entiende como una oportunidad para mirar el mundo con mayor amplitud.

“Cambiar de culturas te enseña a adaptarte, a ser una persona más abierta y aprender de todo. Cuando viajas se te abre la mente, especialmente para una persona que quiere ser artista. Pero más que abrirte la mente, te abre el corazón. Te ayuda a entender que todos somos humanos, no solamente ecuatorianos, cuencanos o de un solo lugar”.

Formación, disciplina y nuevos escenarios

A los 16 años llegó a Canadá, donde continuó su camino artístico. Es graduada en Toronto Film School y culminó el riguroso programa de formación profesional en el histórico Neighborhood Playhouse School of the Theatre en Nueva York. Su trabajo cruza actuación, teatro físico, voz, cine independiente y creación escénica.

En su trayectoria reciente destacan Mime Cabaret, presentado con American Mime Theatre, y su participación en A Sketch of New York, en Manhattan. También ha sido artista invitada de Ephrat Asherie Dance en las ediciones 19 y 20 del NYC Dance Parade & Festival, uno de los encuentros artísticos más multitudinarios de Nueva York.

Su perfil también se extiende al cine, con participaciones en el documental canadiense Spring After Spring, ganador de Mejor Película Canadiense en el Festival de Cine Asiático de Vancouver, y en el cortometraje Mariah ¡qué baile!, seleccionado en el Festival Internacional de Cine de Arizona.

Además, Melanie forma parte de 5C Productions, colectiva con la que produjo la obra Stop Kiss, donde también asumió un papel protagónico.

Un puente artístico con Ecuador

Pero más allá de los escenarios de Nueva York, su mirada también apunta hacia Ecuador. Melanie tiene planificado desarrollar talleres, capacitaciones y propuestas escénicas en el país, con el objetivo de compartir su experiencia en teatro físico, actuación y creación teatral con nuevos públicos y artistas ecuatorianos. Su interés no es solo presentarse, sino abrir espacios de formación, intercambio y comunidad.

Entre sus planes está tender puentes entre Estados Unidos, Canadá y Ecuador, llevar obras, participar en festivales y generar encuentros que permitan fortalecer la escena artística local. Para ella, el arte no debe quedarse encerrado en una sala: debe circular, compartirse y regresar también a los lugares donde nació la vocación.

El teatro como encuentro humano

Para Melanie, el teatro sigue siendo un acto profundamente humano. En tiempos dominados por la tecnología y la inteligencia artificial, defiende la escena como un lugar vivo, donde una persona cuenta una historia y otra se sienta a recibirla.

“La magia del teatro existe desde que el hombre se sentó alrededor del fuego y empezó a contar historias. Eso ya era teatro hace miles de años. Hoy tenemos la oportunidad de sentarnos una hora y media o dos horas, sin teléfono, en conexión con la gente. Yo creo mucho en la fuerza del teatro para mantenernos conectados con nuestra humanidad”.

Hoy, Melanie Santos Cordero demuestra que el talento ecuatoriano también puede habitar escenarios internacionales. Su carrera no solo habla de esfuerzo personal, sino de una identidad que viaja, se transforma y vuelve siempre a su origen. Porque en Nueva York, entre luces, cuerpos y silencios escénicos, el teatro también sabe a Ecuador.


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