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Turismo en el manglar de Tambillo

Las canoas de madera y a motor son utilizadas por las mujeres concheras.

Las canoas de madera y a motor son utilizadas por las mujeres concheras.

Al atracadero de Tambillo arriban las embarcaciones turísticas y de pesca. Fotos: Marcel Bonilla / EL COMERCIO

El manglar, hábitat de especies como conchas, cangrejos y almejones, se difunde como un nuevo atractivo turístico del norte de Esmeraldas. La propuesta es impulsada por la población de Tambillo.

Desde hace dos años, los moradores de esta parroquia del cantón San Lorenzo promocionan este destino como una de las principales poblaciones concheras del norte.

En este espacio funciona una ruta corta de cinco paradas, que empieza en el antiguo muelle de San Lorenzo, en el norte de Esmeraldas. El destino final es la población de concheras, ubicada a 25 minutos del inicio del recorrido.

El primer punto comprende la observación del manglar en el trayecto San Lorenzo-Tambillo. Un guía comunitario explica cuándo se creó la reserva y cómo la comunidad se organiza para promover su cultura; también cómo prevenir la deforestación de la reserva.

Ese primer recorrido dura 25 minutos hasta llegar al muelle de Tambillo, desde donde se huelen el aroma del mangle fresco y los mariscos. En ese sitio, la segunda parada, las concheras realizan sus actividades cotidianas de extracción de moluscos y crustáceos, como el cangrejo azul.

En el filo de mangle se observa a varias mujeres sobre la proa de sus canoas de madera, quienes llevan un sahumerio para ahuyentar a los mosquitos durante la faena.

Las canoas de madera y a motor son utilizadas por las mujeres concheras.

Ellas introducen sus manos en el fango, sin protección, hasta el fondo de las raíces del mangle para sacar los productos que venden y consumen.

En este punto, los turistas que deseen pueden experimentar e intentar extraer conchas, con las manos protegidas y en zonas de fácil acceso.

La tercera parada consiste en observar a los nativos realizar las labores de pesca artesanal y captura de jaibas en la reserva, en puntos fijados por los parroquianos.

Los guías también dan una explicación de las especies que se capturan (robalos, lisas y bagres), y cómo la actividad pesquera se convierte en base de la economía de una población que vive de la extracción de concha y captura de peces.

La cuarta parte es un viaje fluvial por gran parte de las 2 576,60 hectáreas de manglar, que se mantienen bajo conservación en la parroquia desde el 13 de abril del 2000.

La travesía termina en la comunidad, donde se conserva la marimba esmeraldeña. Las cantoras hacen gala de sus expresiones orales con cantos de arrullos dedicados al manglar y los personajes de la mitología afroesmeraldeña.

En Tambillo hay una escuela de formación cultural, en la que participan jóvenes que aprenden a tocar instrumentos ancestrales y muestran sus danzas a los invitados.

La presidenta de la parroquia de Tambillo, Malena Solís, dijo que trabajan en la promoción de esta zona para que se conozca una parte de la ­Reserva Mataje-Cayapas. 

El viaje termina con la degustación de un cebiche de concha fresca o un tapa’o de pescado, preparado por las mujeres de la zona.

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