
El estreno de ‘Thunderbolts*’ ha reactivado una pregunta clave: ¿está Marvel respondiendo a la tendencia de los equipos disfuncionales y moralmente ambiguos que han dominado la pantalla con títulos como ‘The Boys’, ‘The Suicide Squad’ o ‘The Umbrella Academy’?
‘The Boys’, la serie de Prime Video basada en el cómic de Garth Ennis, mostró cómo el poder absoluto no solo corrompe, sino que destruye.
Lejos de la nobleza del Capitán América, aquí los “héroes” son celebridades manipuladas por una corporación sin escrúpulos.
Esta crítica ácida al culto a los superhéroes se convirtió en un fenómeno global y marcó un nuevo estándar: el del antihéroe imperfecto, peligroso y, en muchos casos, detestable.
Thunderbolts* bebe de esa fuente. Sus integrantes no llevan capas ni buscan salvar al mundo por altruismo: lo hacen porque deben, o porque no tienen otra salida. Son piezas de un sistema que los usa… o los elimina.
La comparación con ‘The Suicide Squad’ es inevitable. Al igual que el equipo de villanos de DC, los Thunderbolts* trabajan bajo la supervisión de una figura imponente (en este caso, Valentina Allegra de Fontaine) y enfrentan misiones letales a cambio de redención o, al menos, supervivencia.
Pero mientras ‘The Suicide Squad’ apuesta por el humor negro y la brutalidad como sello, ‘Thunderbolts*’ parece más interesado en los dilemas éticos y la fragilidad emocional.
En lugar de burlarse del sistema, lo cuestiona desde adentro, en clave Marvel: con espectáculo, sí, pero también con humanidad.
Lo que ‘The Umbrella Academy’ puso sobre la mesa —familias rotas, traumas no resueltos y poderes como maldición— también está presente aquí. Los ‘Thunderbolts*’ no solo pelean contra enemigos físicos: deben confrontar sus propias culpas, errores pasados y desconfianzas mutuas.
Esta narrativa conecta con una audiencia que ya no compra la imagen del héroe perfecto. Como demostró ‘Watchmen’ décadas atrás, los lectores (y ahora espectadores) buscan complejidad, contradicción y verdad emocional.
‘Thunderbolts*’ no es una imitación de sus predecesoras oscuras. Es la evolución lógica de un universo que ha perdido a sus pilares clásicos y necesita reconstruirse con nuevas reglas.
Marvel ha sabido leer el momento: los espectadores ya no buscan solo salvar al mundo, sino entenderlo.
Quieren ver héroes que dudan, fallan y se levantan, no porque sean invencibles, sino porque están rotos y aun así lo intentan.


