Familias ya se ‘desconectan’ del trabajo y estudio virtual

La pareja de Ana Márquez y Jose Daniel Zerpa jugaron con sus hijas Valeria y Kira en el parque La Carolina. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Eliana Cedeño, de 35 años, hizo una pausa en sus labores diarias. Apagó su computadora y dejó en la vivienda su celular. Preparó sus dos bicicletas y junto con su esposo Josué, de 28, y su hija Liana, de 5, recorrieron el parque La Carolina, norte de Quito.

Llegaron cerca de las 10:30 de ayer, 12 de julio del 2021. No había mucha gente, por lo que pudieron ciclear libremente. La pequeña Liana, por ejemplo, circulaba por los senderos rodeados de árboles y plantas. Paraba para mirarlos y retomaba su marcha. Muy de cerca estaban Eliana y Josué, quienes disfrutaban del paseo en la otra bicicleta.

En una de sus paradas, a la altura del Jardín Botánico, Eliana comentó que pidió un día libre en su trabajo. Ella es secretaria en una universidad y desde el inicio de la pandemia está bajo la modalidad virtual.

La jornada -contó- ha sido extenuante. Su horario es de 08:00 a 16:00. Pero durante la pandemia se ha extendido hasta las 18:00; incluso ha laborado hasta las 20:00. “Tengo que atender requerimientos del centro educativo hasta muy tarde. Además, dice, “para no fallar en las reuniones, a veces no puedo atender a mi niña”.

Por eso pidió el día para desconectarse de sus labores y celebrar con tranquilidad el cumpleaños de Liana.

“El parque es una buena opción, ya que es un lugar al aire libre, en donde podemos compartir en familia”.

La pareja de quiteños además admitió que se encuentra un poco “corta de dinero” y prefiere ahorrar para las vacaciones largas. Espera que sean a finales de este mes.

Cerca de ellos paseaban los venezolanos Ana Márquez, de 34 años; su esposo José Daniel Zerpa, de 36, y sus dos hijas Valeria y Kira, de 9 y 2, respectivamente.

Ellos hicieron un espacio en sus agendas laborales para salir al parque con las niñas.

Valeria, por ejemplo, terminó el año escolar virtual la semana pasada. Dice que fue estresante, porque debía estar varias horas frente a la computadora. Además, debía levantarse más temprano.

Ahora en estos dos meses podrá descansar y jugar con su hermana. “Me gusta venir al parque y divertirme con mi familia”, respondió la niña mientras se subía a los columpios.

Su madre Ana, oriunda de Caracas, es docente de enfermería en un instituto, con dos sedes en el norte y sur de Quito. Recientemente retomaron la modalidad presencial. La mayor parte del año pasó teletrabajando. Fue difícil -anota- porque daba clases, atendía a sus hijas y les ayudaba en tareas. Además, se ocupaba de las tareas del hogar.

Su esposo colabora, pero en las tardes sale a cumplir con su trabajo como auxiliar de odontología. “Han sido días arduos. En este mes hemos podido organizarnos, pero sí se requiere un tiempo de esparcimiento”.

La familia escogió el parque porque es un espacio abierto y no había muchas personas. Eso les brindó mayor seguridad, porque aún la pandemia no ha pasado, destacaron.

Nelson Loachamín, de 52 años, coincidió. Él tomó un día libre en su trabajo en el Departamento de Parques y Jardines del Municipio de Rumiñahui, para hacer trámites y compartir con sus seres queridos.

Sentados en una de las sillas de La Carolina, el sangolquileño conversaba con su esposa Rosa Tupisa, de 36. Mientras lo hacía, sus hijos Nataly, de 11; y Mateo, de 6, se divertían en los juegos infantiles. Corrían y saludaban a sus padres.

“Mis vacaciones comenzarán a inicios de la próxima semana. Decidimos visitar más parques de la ciudad y comer algo fuera porque la situación económica está complicada. No podemos viajar. Lo importante es estar en familia”.

Raúl Galeas, de 37 años, labora en el Fondo para Protección del Agua de Quito y está en teletrabajo desde marzo del 2020. En esta época -reflexionó- hay mayor número de personas que sale de vacaciones. Lo hace porque coincide con el verano de los chicos.

Él saldrá a mediados de agosto. Lo hará porque la jornada ha sido compleja: más horas conectadas. Sin embargo -destacó- ha podido compartir más tiempo con su esposa Andrea Narváez, de 34 años, y sus hijos: Guillermo e Irene, de 12 y 2, respectivamente.

“Estos 15 meses de pandemia han sido muy estresantes; sí se requiere un tiempo para desconectarse de todo; pero yo prefiero estar en teletrabajo”.

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