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Los llantos y berrinches son comunes en los pequeños, sobre todo en los primeros años de vida, hasta los 3-4. Un niño puede llorar tras la negativa de su padre o madre de llevarlo al parque o de comprarle un helado o juguete.
“Son parte de su desarrollo”, explica Fernando Cornejo, director del Posgrado de Psiquiatría de la Universidad UTE.
Sin embargo, cuando son demasiado repetitivos, los padres o familiares a cargo de los menores deben mantenerse alerta. Podría tratarse de un episodio de ansiedad.
La ansiedad -explica el especialista- es una reacción supernormal y saludable que se activa ante una amenaza o un peligro. Se convierte en un patológica cuando esa reacción se ‘enciende’ en situaciones habituales que no representan ninguna amenaza.
Cuando un pequeño es presa de un trastorno de ansiedad -además de los berrinches- suele enfadarse con mucha facilidad. También deja de comer u opta por alimentarse en exceso, registra problemas para conciliar el sueño, se olvida de jugar, se refugia en los diferentes dispositivos electrónicos, se niega a separarse de su persona favorita.
Las manifestaciones son múltiples y dependen de cada niño. Hay ‘peques’ que, incluso, experimentan afecciones en la piel; la dermatitis es muy común.
Karina Bravo Carranco -Mtra. en Psicoanálisis- afirma que el número de niños con trastornos de ansiedad aumentó tras la llegada del nuevo coronavirus. El aislamiento jugó un papel determinante. Pero, no existe un número exacto de casos, pues para muchos padres esos signos pasan desaparecidos.
Piensan que la dermatitis, por ejemplo, es producto del exceso de sol. Entonces colocan una crema y esperan a que surta efecto.
“Los adultos somos el primer filtro, pero, lamentablemente, no nos damos cuenta. Los padres deben estar atentos”, dice Bravo, quien, en su consultorio privado, ha recibido a niños de apenas 3 años con trastornos de ansiedad.
Para evitar que los más pequeños de la casa se estresen, se frustren y sean presa de otras afecciones, la especialista recomienda, desde que son chiquitos, enseñarles a manejar sus emociones y canalizar la energía.
Eso último se lo puede hacer incluso a través de juegos. Tomando ese recurso, precisamente, esta especialista ayuda a sus pacientes en la consulta. Trabaja con los niños, pero también con los padres. Manipulando objetos o dibujando transmiten sus emociones y sus preocupaciones.
La evolución natural de los trastornos de ansiedad, sin tratamiento, puede derivar en serias repercusiones negativas en los ámbitos académico, social y familiar de los niños, que pueden afectarlos en las siguientes etapas de su vida.
Por eso es importante que los padres de familia sean autocríticos y visiten a un especialista cuando se sientan sobrepasados.
Cuando un niño atraviesa por un trastorno de ansiedad es importante que los padres mantengan la calma. Solo así podrán sostenerlo y ayudarlo en todo el proceso.
El diálogo constante entre todos los miembros de la familia es importante para evitar que los niños sean presas del estrés, de la frustración y de la ansiedad. Crecerán seguros, sin miedos.
Los padres deben visitar a un especialista cuando se sientan atrapados. Esa ayuda profesional evitará que papá o mamá también experimenten episodios de ansiedad.
Cuando un padre sufre una crisis de ansiedad frente a su hijo es muy probable que el problema crezca. Por ello, los especialistas piden calma y buscar acompañamiento urgente.
A los encuentros con los expertos asisten padres e hijos. Aquello también ayudará a fortalecer los lazos familiares. Es importante cumplir con todas las indicaciones del experto.