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Los descubrimientos relacionados con la tolerancia inmunológica periférica realizados por tres científicos justificaron hoy la concesión del Premio Nobel de Medicina o Fisiología. Pero ¿Qué es? Es un mecanismo del sistema inmunológico que evita que el cuerpo ataque a sus propios tejidos.
También evita, según algunos de los textos científicos de referencia de la inmunología a nivel mundial (como Janeway’s Immunobiology), que el cuerpo reaccione de una forma excesiva a algunos antígenos que no son, en principio, especialmente peligrosos y que actúan en la periferia del organismo.
La Asamblea Nobel del Instituto Karolinska de Estocolmo informó hoy de la concesión del Premio Nobel de Medicina o Fisiología 2025 a Mary E. Brunkow, Fred Ramsdell y Shimon Sakaguchi “por sus descubrimientos relacionados con la tolerancia inmunológica periférica”.
El sistema inmunológico aprende a diferenciar entre los organismos propios (los autoantígenos) y los extraños (los patógenos), y en el interior del cuerpo humano se establece la tolerancia central, que si funciona con normalidad es capaz de eliminar algunos tipos de linfocitos (glóbulos blancos fundamentales en el sistema inmunitario para identificar y combatir patógenos).
Pero el sistema inmunológico no es capaz de eliminar todos los linfocitos, ahí es donde cobra importancia la tolerancia periférica, que trata de impedir que aquellos linfocitos que ‘escaparon’ ataquen a los tejidos del propio organismo, lo cual resulta fundamental para mantener el equilibrio entre la respuesta inmune frente a infecciones y para prevenir enfermedades autoinmunes.
Shimon Sakaguchi demostró que el sistema inmunológico es más complejo y descubrió una clase de células inmunitarias hasta entonces desconocidas, que protegen al organismo de las enfermedades autoinmunes, según publica hoy la BBC.
En 2001, Mary Brunkow y Fred Ramsdell realizaron otro descubrimiento clave. Explicaron por qué una cepa específica de ratones era particularmente vulnerable a las enfermedades autoinmunes.
Descubrieron que los ratones tenían una mutación en un gen al que llamaron Foxp3. También demostraron que las mutaciones en el equivalente humano de este gen causan una grave enfermedad autoinmune, la IPEX. En 2003, Shimon Sakaguchi logró relacionar estos descubrimientos. Demostró que el gen Foxp3 controla el desarrollo de las células que él identificó en 1995.
Estas células, ahora conocidas como células T reguladoras, supervisan otras células inmunitarias y garantizan que nuestro sistema inmunitario tolere nuestros propios tejidos.
Las células T, o linfocitos T, son una especie de células inmunes. Su propósito es identificar y matar a patógenos invasores o células infectadas. Para esto usan proteínas en su superficie, que a su vez pueden adherirse a proteínas en la superficie de estos impostores.
Cada célula T es altamente específica. Hay billones de variaciones posibles de estas proteínas de superficie, y cada una puede reconocer un objetivo diferente.
Debido a que las células T-explica la BBC- pueden mantenerse en la sangre durante años después de una infección, también contribuyen a la “memoria de largo plazo” del sistema inmune y le permiten organizar una respuesta más rápida y más efectiva cuando este queda expuesto a un viejo enemigo.
Cuando el cuerpo está infectado, digamos con un virus, produce glóbulos blancos llamados linfocitos. Los tipos principales de linfocitos son las células B, que producen anticuerpos, y las células T, que apoyan la producción de anticuerpos de células B o actúan como células asesinas para destruir el virus.
Algunas células T y células B también se convierten en células de memoria de larga duración que saben qué hacer si se encuentran con la misma infección nuevamente.
Las células B y las células T “ven” el virus de diferentes maneras. En términos generales, las células B reconocen las formas en el exterior del virus, creando anticuerpos que se traban o acoplan con ellas (un poco como dos piezas de rompecabezas que coinciden).
En cambio, las células T reconocen fragmentos de los aminoácidos que componen el virus, incluyendo fragmentos que normalmente se encuentran en su interior. Cada virus tiene muchas características únicas, tanto por dentro como por fuera. La respuesta inmune de una persona puede acabar produciendo una variedad de células T y células B que, entre ellas, atacan una amplia gama de esos rasgos.
Esto a veces se llama “amplitud de respuesta”. Una buena amplitud de respuesta involucra a muchos linfocitos diferentes que ven diferentes partes del virus, lo que hace que sea muy difícil para el virus ocultarse completamente.
Con información de la agencia EFE y la cadena BBC