29 de noviembre de 2019 14:54

Curso de 'primeros auxilios' para salvar el patrimonio cultural en desastres

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Agencia EFE

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Un edificio de los carabinieri lleno de obras de arte requisadas quedó completamente inundado, por lo que un equipo de trabajadores culturales trata de salvar este valioso patrimonio, pero todo se complica cuando un escape de gas provoca una explosión y hay que evacuar el lugar.

Esta es la situación ficticia con la que se encontraron los participantes de un curso de "primeros auxilios para el patrimonio cultural" en Roma, un simulacro que intenta hacer lo más real posible el reto de proteger el patrimonio cultural en un desastre natural o un conflicto armado.

"Si la situación hubiera sido real habrían conseguido salvar las obras de arte", asegura la directora del curso, Aparna Tandon, quien explica que estos estudiantes hicieron el trabajo de "cinco o seis días" en una sola mañana, aunque cometieron "algunos errores en la coordinación".

Los 16 participantes, de otros tantos países, tuvieron que dividirse en equipos, asegurar la zona y catalogar y después trasladar todas las obras dañadas, en teoría valiosas piezas etnográficas, pero en la práctica muñecas, baratijas e incluso un VHS de Vicky el Vikingo.

No faltó nada en este realista simulacro, donde participaron bomberos, la Protección Civil italiana y médicos de la Cruz Roja, que intervinieron para trasladar a una ambulancia a dos "heridas" tras la explosión, preparada por los bomberos.

También hicieron su aparición algunos "reporteros" en busca de carnaza que estorbaban con sus preguntas todo el proceso de salvamento, algo que, según los responsables del curso, es desafortunadamente habitual en estos desastres.

"El problema es que en una emergencia la cultura no se prioriza", lamenta Bárbara Mínguez, consultora sobre gestión de riesgos y patrimonio cultural en el Banco Mundial, y mentora de este curso organizado por el Centro Internacional para el Estudio, Preservación y Restauración de la Propiedad Cultural (Iccrom)

Mínguez advierte de la dificultad de proteger este patrimonio especialmente en conflictos armados, "como en Afganistán o Siria, donde van específicamente a destruir patrimonio para borrar la identidad de las personas".

Precisamente el lema de este curso es "La cultura no puede esperar", un mensaje que pretende resaltar la importancia del patrimonio en las comunidades, ya que, como explica Tandon, en una catástrofe "la gente siempre salva lo que le da un sentido de lugar".

"Si tu casa se quema, lo primero que salvas es tu móvil, porque tiene tus fotos y tus recuerdos", señala la directora del curso, que ha trabajado en los terremotos de Haití, Nepal o Filipinas, y quien añade que esta identificación emocional "es lo que nos diferencia de los animales".

El curso transcurrió durante una semana en Roma y otra en Norcia (centro), donde en 2016 un terremoto de 6,5 en la escala de Richter destruyó buena parte del rico patrimonio artístico, como la Basílica de San Benedicto, del siglo XIII, de la que solo queda su fachada.

Allí los participantes hablaron con miembros de la comunidad local, muchos de los cuales siguen viviendo en casas prefabricadas al no poder volver a sus hogares destruidos, como un hombre que dirigía una granja familiar o la responsable de una asociación que busca volver a crear lazos en una comunidad devastada.

Los habitantes de Norcia se presentaron voluntarios para contar a los participantes en el curso su experiencia en proteger el patrimonio en esta catástrofe, un "ejemplo inmenso de resiliencia y de fortaleza", según Cristina Moreno, la única alumna española, que colabora como restauradora 'freelance' en España.

"Para la comunidad local, proteger el patrimonio ayuda a superar un suceso tan traumático", cuenta Moreno, quien vio en Norcia a una población "que se ha fortalecido, que se ha unido para salvar su patrimonio".

En el proceso de salvamento de las obras culturales, el primer paso es precisamente hablar "respetuosamente" con los miembros de la comunidad, los guardianes de "la cultura intangible", como subraya Mínguez, para saber qué obras tienen prioridad en su protección.

Los participantes del curso pudieron trasladar a un lugar seguro casi todo el patrimonio de la zona cero de la inundación -en realidad, creada con cubos de agua arrojados sobre las obras-, pero se retrasaron una hora sobre el horario que les habían marcado las autoridades y por "motivos de seguridad" tuvieron que dejar allí algunas piezas, eso sí, bien protegidas en lugares altos

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