8 de noviembre de 2018 00:00

La voz del campo en la obra ‘Papakuna’, dirigida por Juana Guarderas

La obra de teatro es el resultado de nueve meses de investigación en el campo. Foto: Cortesía Teatro Capitol.

La obra de teatro es el resultado de nueve meses de investigación en el campo. Foto: Cortesía Teatro Capitol.

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Fernando Criollo
Redactor (F-Contenido Intercultural)
fcriollo@elcomercio.com

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Como en el campo, el estreno de ‘Papakuna’ es el resultado de un trabajo hecho en minga, entre un grupo de artistas, académicos y comuneros. La pieza escénica definida como un agro-teatro cómico musical presenta su primera temporada en el Teatro Patio de Comedias, hasta el 18 de noviembre.

La obra se presenta como un homenaje a las papas, a los mitos andinos y a las personas que han custodiado los saberes de la chakra por siglos.El proyecto escénico germinó al interior del colectivo cultural Yama, a partir de la investigación de Cecilia Dávila sobre la conservación limitada de las papas nativas frente a la proliferación de especies mejoradas en los Andes ecuatorianos. Esa tesis llevó a Natalia Ortiz, Ilyari Derks y Carlina Derks, actrices e integrantes del mismo colectivo, a hurgar más en el mundo de la papa y su relación con la cultura.

En el camino acudieron a Juana Guarderas, quien aceptó el desafío de dirigir su primera obra profesional y se sumó a la investigación multidisciplinaria, que incluyó revisión de material bibliográfico, musical y escénico; entrevistas con campesinos, académicos y técnicos; y la participación en festividades, ritos y jornadas de trabajo en comunidades de Chimborazo.

“El teatro permite establecer una relación de comunicación directa con el público y es un oficio donde confluyen varias artes”, dice Carlina Derks sobre la decisión de trasladar los resultados de ese trabajo de campo al lenguaje escénico.

Después de nueve meses de trabajo, la idea maduró hasta convertirse en una historia que aborda los conflictos que se desarrollan en la chakra andina y la relación que mantienen los campesinos con los personajes míticos que circulan alrededor de las papas.

“Nos dimos cuenta que a través de la papa podíamos hablar sobre las semillas, la soberanía alimentaria, la cultura, la historia, los ritos, la feminidad, entre otras cosas”, dice Derks.

En escena, la geografía y los ambientes de la chakra toman color y forma entre utensilios del campo y otros recursos propios del teatro, diseñados en colaboración con Sara Constante, quien también es la mentalizadora del vestuario que utilizan las tres actrices para interpretar varios papeles en la obra.

Natalia, Ilyari y Carolina dan forma y voz a los campesinos y a seres míticos, como la helada o el curiquingue, con atuendos prácticos y vistosos. Con la ayuda del mascarero peruano Paúl Colinó Vargas, las actrices también dan forma y voz a la chihuila, la boronga y la superchola, tres variedades de papa en las que se evidencia las distintas visiones en el manejo agrícola del campo.

El relato se construye en los diálogos, pero también entre danzas y canciones, la mayoría creadas para la obra, con el aporte de Martín Malán y Mesías Maiguashca.

Para Guarderas, la dirección de la obra, en la que también hay una intención didáctica, estuvo motivada por una afinidad y experiencia personal con la vida del campo. “Me pareció un desafío interesante este proyecto que integra esta temática agrícola, social e indígena”, dice la directora sobre un ensayo teatral que se proyecta como un espacio de conexión, preservación y visibilización de los saberes y tradiciones ancestrales.

Para la directora es importante que la obra despierte el interés y la reflexión en el público de la ciudad y del campo.

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