19 de octubre de 2018 00:00

El escritor Adolfo Macías hurga en las causas de la mentira

Macías Huerta es autor de ‘La vida oculta’, ‘El grito del hada’, ‘Pensión Babilonia’, ‘Precipicio portátil para damas’ y ‘Las niñas’. ‘El mitómano’ es su nueva novela. El libro fue publicado por Seix Barral. Foto: Galo Paguay/ EL COMERCIO.

Macías Huerta es autor de ‘La vida oculta’, ‘El grito del hada’, ‘Pensión Babilonia’, ‘Precipicio portátil para damas’ y ‘Las niñas’. ‘El mitómano’ es su nueva novela. El libro fue publicado por Seix Barral. Foto: Galo Paguay/ EL COMERCIO.

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Gabriel Flores
Redactor (I)
gflores@elcomercio.com

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Edward Bloom, el personaje principal de ‘Big Fish’ -cinta dirigida por el director estadounidense Tim Burton-, tenía por costumbre armar relatos de su vida condimentándolos con fuertes dosis de fantasía. Aquella era su forma de darle color a una vida gris.

El mismo mecanismo que Bloom usaba para zafarse del tedio de la vida cotidiana es el que maneja Armando Barahona Santos, el protagonista de ‘El mitómano’. Esta es la nueva novela del guayaquileño Adolfo Macías Huerta, publicada por la editorial Seix Barral.

Armando es un cuarentón de clase media que vive en un barrio popular del sur de Quito. Está casado con Marcela, una empleada bancaria que desde hace años aspira a que la asciendan en su trabajo. Los dos comparten el cuidado y la educación de Javier y Adelaida, sus dos hijos pequeños.

En sus años de infancia, Armando descubrió, entre las muchas cosas que se descubren por esos años, que tenía una ‘habilidad’ para contar historias donde trastocaba la realidad en la que vivía, logrando que se vuelvan verosímiles para sus contertulios.

Lo que comenzó como un juego que le daba cierta satisfacción personal, con el paso del tiempo se convirtió en un ‘arte’ al que le entregaba tiempo y dedicación, sobre todo cuando estaba en el local de Indi Motorcycles Co., donde fungía como gerente de ventas.

Para Armando Baharona Santos exagerar la realidad se había convertido en una actividad tan cotidiana como respirar, sentarse por las noches a cenar con su familia o hacer el amor con su esposa, siempre con las luces apagadas.

Sumido en su mundo de fantasía, Armando jamás habría imaginado que una de las más ‘inocentes’ de estas exageraciones iba a desencadenar una serie de sucesos que superarían a las más fantasiosas y verosímiles de sus historias.

La novela de Macías Huerta comienza el día en que Marcela recrimina a Armando por decirle a la maestra de Javier que el niño habla un inglés fluido, cuando este -todos en su familia lo sabían con certeza- apenas podía balbucear ciertas palabras.

Aquel día, Marcela recrimina a Armando y le dice que esta exageración es la gota que derramó el vaso y le exige que vaya al psicólogo para que su relación tenga algún futuro. Él lo acepta con cierta resignación y tristeza.

Desde ese momento sus visitas al doctor, su depresión por no poder exagerar la realidad y las cartas que escribe a su hermana, madre y a un funcionario de una funeraria en Medellín se van intercalando con la vida paralela de Marcela, quien tiene encuentros fortuitos con prostitutos extranjeros en un hotel de mala monta ubicado cerca de su trabajo.

En apariencia, la historia de Macías Huerta es una exploración al mundo de las consecuencias de las mentiras. Pero si se mira con detenimiento y se llega al final de la historia, el lector se dará cuenta que el verdadero leitmotiv de esta novela está centrado en hurgar en las razones por las que un hombre como Armando exagera su realidad o una mujer como Marcela esconde bajo llave su vida sexual.

Como en la mayoría de sus novelas anteriores, el autor pone la lupa sobre qué les sucedió a sus personajes en sus años de infancia y juventud. Ahondando en sucesos ocurridos durante esos períodos de vida el lector tiene la oportunidad de atar cabos y armar un perfil psicológico completo de ellos, una de las improntas más interesantes de las historias creadas por este escritor.

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