9 de junio de 2019 00:00

Normandía y su lección sobre la paz

Tropas estadounidenses a bordo de buques de guerra durante el desembarco de Normandía (Francia).

Tropas estadounidenses a bordo de buques de guerra durante el desembarco de Normandía (Francia).

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María Carvajal A. Editora (O)

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Resulta muy difícil no relacionar de alguna forma los recuentos históricos y las anécdotas de lo ocurrido en las costas de Normandía la madrugada del 6 de abril de 1944 con los reportes noticiosos que nos han llegado desde el otro lado del Atlántico en los últimos cinco años.

Por ejemplo, cuando se menciona que mientras empezaba el desembarco de las tropas aliadas los soldados alemanes se encontraban ubicados más hacia el norte, en la zona de Pas de Calais (Francia), se viene a la mente un problema contemporáneo en la misma zona donde se selló la suerte de la Segunda Guerra Mundial.

Justo cuando el pasado miércoles empezaban los homenajes a los 11 000 soldados muertos, heridos o desaparecidos durante el ‘Día D’, las autoridades francesas rescataban un grupo de 19 inmigrantes que intentaban cruzar el Canal de la Mancha para llegar a Reino Unido, a unos nueve kilómetros del entonces punto de parada de los hombres de Adolfo Hitler. A Calais continúan llegando niños y adultos en busca de refugio que, según publicó recientemente Amnistía Internacional, viven en tiendas de campaña y campamentos informales y “no tienen acceso habitual a comida, agua, saneamiento, refugio o asistencia jurídica, y sufren periódicamente desalojos, acoso, abusos y violencia a manos de la Policía”.

Si en ese entonces la unión hizo la fuerza, ahora el panorama político y diplomático para mantener la armonía en la geopolítica se vislumbra cualquier cosa menos simple. En uno de los discursos de los líderes mundiales por los 75 años de este suceso, el presidente galo Emmanuel Macron invocó el compromiso de las alianzas “de países con valores compartidos de libertad y democracia”.

Sin embargo, para nadie era un secreto en el Palacio del Elíseo que se iban a aprovechar los encuentros de estos días para, por ejemplo, conversar con el presidente estadounidense Donald Trump de temas ásperos como la salida de Washington del acuerdo sobre el programa nuclear iraní y las tambaleantes negociaciones para otro acuerdo, esta vez comercial, con la Unión Europea.

Una vez que empieza a bajar el miedo de que los partidos nacionalistas se hagan con el control de la Eurocámara, lo que se consideró un peligro para la integración en el Antiguo Continente, el tema de una eventual imposición de aranceles desde la Casa Blanca se vuelve una preocupación natural. De todos modos, Macron mantiene la esperanza de que las reglas de juego multilateral sean respetadas y que los intereses de las empresas europeas sean preservados.

Y mientras el recuento de lo que ocurrió hace tres cuartos de siglo hablan de una alianza que consiguió el histórico contingente de más de 200 000 hombres y 6 000 embarcaciones para someter a las fuerzas del Tercer Reich, las cifras enviadas a diario por los corresponsales en zonas de conflicto dejan indefectiblemente en el aire la interrogante de qué hace falta en la coordinación de esfuerzos por la paz, al inicio del tercer milenio.

El ejemplo más estremecedor es Siria. Como escribe la periodista Valérie Leroux para la agencia France Presse, el conflicto que empezó en el 2011 en ese país ha dejado de acaparar titulares luego de la derrota territorial del Estado Islámico (EI) en marzo. Pero en la provincia de Idlib crece por momentos el número de civiles muertos -400 hasta el viernes- y 270 000 desplazados como consecuencia de los bombardeos del régimen de Damasco junto con sus aliados rusos sobre los enclaves yihadistas.

En ese mismo artículo cita a Michel Duclos, exembajador de Francia en Siria, quien afirma que la comunidad internacional está roída desde hace tiempo por un “sentimiento de impotencia”, y “se prefiere mirar hacia otro lado”.

Eso sin contar con lo que la ONG Consejo Noruego de Refugiados considera las “crisis olvidadas del mundo”: Camerún, la República Democrática del Congo, Palestina y ahora Venezuela, solo por mencionar unas cuantas.

Procesos de degeneración política y social que protagonizan portadas y se convierten en tendencia en redes sociales (volviendo noticia el mero hecho de los millones de trinos en Twitter), pero que con el transcurrir de las semanas apenas alcanzan espacio en los segmentos de información ‘en breve’.

La tecnología nos permite hoy recrear lo ocurrido en el ‘Día D’ prácticamente a través de un clic. Archivos fotográficos digitalizados, galerías interactivas y videojuegos como Call of Duty. Y por más o menos USD 14 es posible “llegar” a Normandía y contemplar las vitrinas de uno de los múltiples museos con reliquias de los heroicos paracaidistas de 1944 en localidades como Carentan-les-Marais, con una simulación de vuelo en un C47 incluida.

Películas como ‘Salvar al soldado Ryan’ o ‘El día más largo’ ayudan a hacerse una imagen de lo que ocurrió ahí. Y quien quiera una referencia de cuán abandonados se sienten los actuales habitantes de la campiña francesa, escenario de este hecho tan trascendental para la historia occidental del siglo XX, puede buscar en alguna plataforma digital ‘Normandía al desnudo’, estrenada el año pasado.

Pero la esencia de esta conmemoración, que seguramente continuará cuando se cumplan 80, 90 o 200 años de esa madrugada en que los aliados desembarcaron mientras el Führer dormía, es que unirse para lograr la paz sí fue posible. Y la historia juzgará cuán bien aprendimos esta lección.

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