Andrés Calamaro ‘adelanta’ en exclusiva para EL COMERCIO su esperado show en Quito

Andrés Calamaro es un ícono del rock en español.

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El regreso de Andrés Calamaro a los escenarios ecuatorianos es uno de los eventos musicales más esperados de este 2025.

El cantautor argentino, ícono del rock en español y autor de himnos como Flaca, Mil Horas y Sin documentos, se presentará el sábado 10 de mayo en el Teatro Nacional Casa de la Cultura Ecuatoriana en Quito. Lo hará como parte de su gira ‘Agenda 1999’, que celebra el aniversario de su emblemático disco ‘Honestidad Brutal’.

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En medio de la expectativa por este reencuentro con su público quiteño, Calamaro concedió una entrevista exclusiva para EL COMERCIO.

El artista reflexiona sobre la vigencia de sus canciones, su relación con distintas generaciones, la conexión con géneros como el tango y su mirada sobre la cultura popular latinoamericana.

A continuación, compartimos este diálogo en el que el artista se muestra fiel a su estilo: sincero, autocrítico y siempre dispuesto a explorar nuevos territorios sonoros y emocionales.

Te vimos cantando Mil Horas con la Sonora Dinamita. ¿Qué siente al ver que canciones como Mil horas siguen presentes en el imaginario colectivo?

Buenas sensaciones, no comulgo con la nostalgia, pero las canciones que no se olvidan tienen mérito y suerte. En las giras recibimos el calor popular de la memoria, gente celebrando canciones que importan o recuerdan. Si no fuera porque las canciones importan estaríamos buscando otra cosa que hacer.

No recuerdo haber sido un ídolo generacional, pero tampoco una figura de culto. Me voy a restar importancia. Hago lo que puedo.

¿Cómo te mantienes conectado con el lenguaje y las emociones de distintas generaciones?

La música es especial para conectar o interpretar emociones, un lenguaje en sí mismo. Se que se me reconoce por un racimo de canciones que resisten el tiempo y las distancias. Lo acepto no sin tribulaciones éticas. Luego puedo conectarme, pero desconectado, evitando una realidad distópica como presente continuo.

Todos los artistas de rock pop que triunfaron en Argentina en los 80 quisieron conquistar España, empezando por Charly, pasando por Fito, terminando con Soda. De ellos, solo tú lograste calar. A tu criterio, ¿qué tenías de diferente? ¿Qué te hizo tan especial para que una bulería sonara tan bien con un acento porteño?

No se sabe si conquisté España o España me conquistó a mí. Di muchas vueltas por las comarcas, tengo curiosidad y gratitud por aquellas tierras donde me ha dado mucho. No intento cantar bulerías ni soleas con acento porteño, pero sé que existen.

En Ecuador, los Ilegales de España son muy queridos y cuando cantaste con ellos el tango Mi copa y yo, en una colaboración post-pandemia, nos quedamos muy contentos. Tú que has explorado géneros tradicionales argentinos como el tango, ¿lo has hecho como una búsqueda cultural, emocional o ambas?

Explorar en el tango debería ser obligatorio. Mis aproximaciones son siempre respetuosas y humildes; el tango es un tesoro cultural de nuestra tierra, es complicado imaginar nuestro país sin el tango, sin Gardel.

Hace algunos años viniste a un concierto en Quito, y en el concierto pusiste imágenes de tauromaquia. A algunos no les gustó esto, sobre todo a los más jóvenes. ¿Cómo ves eso ahora, en perspectiva?

Cuando una imagen no nos gusta, podemos cerrar los ojos y hacer de cuenta que no existe, o vivir todos en un Museo del Prado individual, pero falsificado. Me da igual qué le gusta y no le gusta al resto de la población, porque uno tendría que cultivar sus propias conclusiones. La tauromaquia es ciencia primero y arte después, tampoco vengo a reclutar aficionados.

Si tuvieras que darle una playlist de tu música a un adolescente, con cuál canción la iniciarías: ¿Mil Horas, Flaca o Sin documentos?

Elegiría bien entre lo áspero e intrigante, luego sí… Para No Olvidar o Flaca. Mil Horas no tanto porque me escucho muy verde cantando.