13 de febrero de 2018 00:00

Mirtha Costales fundó la danza en Chimborazo

Mirtha Costales es la nueva ­Mama Shalva de Chimborazo. Foto: Glenda Giacometti /EL COMERCIO

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Cristina Márquez
Cristina Márquez. Redactora
(F-Contenido Intercultural)

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La casa de Mirtha Costales está llena de recuerdos y fotografías antiguas. Algunas imágenes la muestran bailando con atuendos indígenas y otras son recortes de prensa sobre los éxitos artísticos que logró con su agrupación de danza ecuatoriana Los Aravicos.

Ella fue nombrada por el Comité de Carnavales por la Vida de Chimborazo como Mama Shalva, una dignidad que para la cosmovisión andina es sagrada, debido a que representa la fertilidad y la conexión con la Pacha Mama durante la temporada de Pawkar Raymi.

Ella recibió el bastón de mando como un reconocimiento a su larga trayectoria como bailarina, coreógrafa y precursora de la danza folclórica en la provincia.

A sus 63 años, calcula que al menos 600 jóvenes se formaron en su grupo de danza, que se fundó hace 47 años. En sus elencos se formaron bailarines que actualmente dirigen sus propios grupos de danza, por lo que su agrupación se considera el semillero de la danza folclórica en Riobamba.

“Me siento muy orgullosa cuando veo a mis bailarines dirigiendo a sus propias agrupaciones. Pero yo siempre voy a ser su maestra; si miro errores o pienso que pueden mejorar, yo se los digo y ellos me escuchan”, cuenta Costales.

Ella se inició en la danza folclórica a los 16 años, aunque bailaba otros géneros en su infancia. En una ocasión, el elenco de Patricia Aulestia presentó en Riobamba la obra ‘Daquilema’ y desde entonces se enamoró de la danza tradicional.

Además, Costales proviene de una familia de investigadores y escritores, por lo que se sintió inclinada a la investigación cultural como parte del proceso creativo para sus coreografías. La danza de La Venada es una de las más representativas.

La coreografía representa un antiguo juego indígena que se practica antes de una boda. El novio se disfraza de venado y sus amigos cercanos lo persiguen por los páramos. Costales muestra este juego ritual al ritmo del sanjuanito de Chimborazo.

“No se puede crear una coreografía de danza sin investigar lo que vamos a representar. Si no lo hacemos, desfiguramos la cultura”, opina Costales.

Aunque su hija, Karina Brito, le tomó la posta y es la actual directora del grupo, esa práctica aún se mantiene. Antes de aprender una nueva coreografía, los bailarines recorren las comunidades indígenas.

“Les enseñamos lo que están representando en el escenario. Les explicamos el significado de cada color y cada bordado”, cuenta Karina Brito.

El elenco de Los Aravicos cuenta con 26 bailarines. También hay una agrupación infantil y otra para los bailarines de la generación de 1980.

Como Mama Shalva de las fiestas de Carnaval de este año, Mirtha debe promover la interculturalidad y liderar todas las actividades programadas en la agenda.

“El Comité de Taitas y Mamas del Carnaval la designó este 2018, como un reconocimiento al rescate cultural que ha hecho a través de la danza en todos estos años”, cuenta Carlos Chalán, parte del comité de organización.

Ella recibió el atuendo originario puruhá en una ceremonia de investidura, que se realizó la semana pasada.

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