29 de septiembre de 2019 00:00

La generación Greta es de acciones

Andrea Lema junto a un tarro donde guarda toda la basura que ha generado desde diciembre del año pasado, residuos a los que todavía no ha podido dar un segundo uso. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO.

Andrea Lema junto a un tarro donde guarda toda la basura que ha generado desde diciembre del año pasado, residuos a los que todavía no ha podido dar un segundo uso. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO.

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Gabriel Flores

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Greta Thunberg es el rostro más visible de una generación de niños y jóvenes que han emprendido una batalla épica: luchar para detener el calentamiento de la Tierra. En Ecuador, la activista Andrea Lema, quien se siente parte de lo que muchos llaman la generación Greta, reflexiona sobre cómo los más jóvenes se han apropiado de la lucha por el cuidado del medioambiente.

¿Cómo definirías a la generación Greta?
La definiría como una generación integrada por personas que a más de estar apasionados por el cuidado del medioambiente realmente han logrado entender cuál es la importancia de las relaciones que se construyen entre la naturaleza y los seres humanos. Es una generación que tiene un conocimiento más profundo de las problemáticas ambientales, porque las vive en el día a día. En mi caso, ese entendimiento radica en haber crecido en una familia que ama la naturaleza y que siempre me tuvo cercana a los ríos, a los mares y a los bosques.

En el discurso que dio en la ONU, el pasado lunes, Greta dijo que no quiere promover la esperanza en los adultos sino el pánico. ¿Cómo en la práctica el pánico puede ayudar a que el planeta deje de calentarse?
El pánico, como otras emociones, te puede llevar a realizar acciones concretas sobre temas que tú crees que tienen que cambiar. En mi caso, el pánico se activó con el tema de la generación de basura. Ver cómo los desechos plásticos llenan los océanos me movió por dentro. La crisis ambiental que vivimos trastocó tanto mi espíritu, que tuve que pasar del discurso a la acción y no solo en mi vida diaria sino en un plano más colectivo.

¿La globalización ha ayudado a conectar a la generación Greta?
Claro, ahora es mucho más fácil hablar con personas que están en Europa o Asia para compartir experiencias y organizar acciones conjuntas, con el objetivo de que tengan más impacto. Hay que entender que las nuevas generaciones trabajamos en red y para eso utilizamos toda la tecnología que tenemos a la mano.

Entonces, ¿para las nuevas generaciones la teoría de que todo está conectado es una máxima?
Definitivamente, para nosotros todo está conectado y lo vemos en la práctica. Hay activistas que protegen a los animales, otros que deciden volverse vegetarianos o veganos, otros -como yo- deciden volverse ‘zero waste’ (cero residuos). Todos estamos tratando de contribuir al cuidado del planeta desde nuestro propio espacio y de lo que está a nuestro alcance. Para nosotros nadie hace más que el otro. Lo importante es crear conciencia de lo que está pasando con el planeta y eso es algo que a las anteriores generaciones les faltó hacer.

¿Hay frustración en las nuevas generaciones por la pasividad de los líderes políticos en relación con las consecuencias del calentamiento climático?
Vivimos en una frustración constante. Tenemos un montón de representantes que no entienden bien lo que está pasando con la Tierra. Piensan que todo lo que dice la comunidad científica no es algo de emergencia, cuando definitivamente sí lo es. Las generaciones actuales hemos crecido viendo el impacto y los efectos del cambio climático en nuestros entornos. Nos preocupa que las otras generaciones no estén tomando acciones radicales sobre estos temas.

¿Qué le responderías a alguien si te dice que parar la hambruna en el mundo también es emergencia?
Le diría que los problemas de hambruna en el mundo y el cambio climático son dos cosas que van de la mano. Todos los objetivos de desarrollo sustentable están interconectados. Es muy importante cumplir con las metas que ya nos hemos impuesto.

El filósofo francés Bruno Latour habla de los ‘quietistas climáticos’ en referencia a las personas que confían que sin hacer nada todo va a mejorar. ¿A dónde nos puede llevar ese exceso de confianza?
Ese exceso de confianza no nos va a llevar a ningún lado. Realmente estamos en un punto en el que ser activista a través de redes sociales y compartir información a través de memes no es suficiente. Es necesario que nosotros comencemos a hacer cambios en nuestro día a día, aunque sean pequeños. Me parece que en este punto, más importante que compartir información sobre el exceso de plásticos en los océanos es ideal que dejemos de usar uno o dos artículos de plástico desechable.

También están los radicales a los que llaman ‘apóstoles del negacionismo del cambio climático’. Pensemos en personajes como Trump o Bolsonaro, ¿qué tiene para decirles la generación Greta?
Este tipo de personajes hasta causan gracia, porque parece que viven en otro planeta. No entiendo por qué se niegan a escuchar a los científicos. Ellos tienen información que no ha salido de la nada sino de un montón de investigaciones. Detrás de ese negacionismo, seguramente hay intereses políticos y económicos. Son personas que solo piensan en sus negocios, o que su paso por el planeta va a terminar pronto y se están olvidando que detrás de ellos quedan un montón de generaciones por venir y que nos están dejando un planeta a punto de colapsar.

En el 2016, 195 países firmaron el Acuerdo de París. Viendo lo poco que se ha avanzado en estos años, ¿crees que es necesaria la firma de otro acuerdo?
Creo que lo importante es que se cumpla con todo lo suscrito en ese acuerdo. Es necesario que todos los países del mundo se declaren en crisis climática y que trabajen sus políticas públicas y sus programas vinculados al cuidado del medioambiente, en función de esa declaratoria. Creo que la presión social y la información científica deben continuar. Hay una frase que siempre comparto y que dice “si piensas que la economía es más importante que el ambiente, trata de sostener tu respiración mientras cuentas tu dinero”. Pensemos por un segundo hasta qué punto la economía o los mercados pueden ser más importantes que cuidar los bosques que generan el oxígeno que todos necesitamos para vivir.

¿El activismo alcanza para detener el calentamiento de la Tierra?
Las nuevas generaciones de activistas están integradas por personas que no solo estamos demandando cosas sino que a diario realizamos acciones para mitigar el impacto del calentamiento de la Tierra. Quizás ahora somos miles, pero seguro mañana seremos millones. Para nosotros es importante generar incidencia política y tener diálogos a ese nivel. Sin embargo, estoy convencida de que las acciones diarias suman más que una protesta.

¿Defender al medioambiente implica tener un modo de vida distinto o no necesariamente?

De cierta manera sí, porque la idea es pasar del discurso a la acción. Cuando empecé en el tema de conservación ambiental trabajaba desde el escritorio de forma muy apasionada; sin embargo, en mi día a día seguía consumiendo y transportándome como cualquier otra persona, hasta que entendí que tenía que ser coherente con lo que estaba demandando y con las cosas que hacía. Para mí hacer basura o seguir consumiendo cosas que terminaban en desechos dejó de ser una opción, por eso decidí cortar todo el plástico de mi vida.

En el pasado, lo ideal en relación con el cuidado del planeta era que las personas aprendieran a reciclar la basura, ¿para la generación Greta cuál es el ideal?
El ideal de las nuevas generaciones ya no está solamente ligado al reciclaje, que fue la mentira de los 90, en cuestión de residuos. Decían que si reciclábamos el problema de la basura terminaría y 20 años después vemos que eso no es así. En el tema de residuos, ahora más importante que fomentar el reciclaje es hablar de reducción y rechazo a productos que terminan siendo basura.

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