20 de marzo de 2020 00:20

Santiago Paéz: 'Los libros ayudan a asimilar el encierro'

Santiago Páez, escritor ecuatoriano. Foto: Archivo/ EL COMERCIO

Santiago Páez, escritor ecuatoriano. Foto: Archivo/ EL COMERCIO

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Gabriel Flores
Redacción (I)
gflores@elcomercio.com

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‘Los murmurantes’, la obra que publicó hace unas semanas, está ambientada en un Ecuador postapocalíptico poblado por zombis, ¿por qué las distopías son, en esencia, pesimistas en relación con el futuro?

Lo que se plantea en una historia distópica es que en el futuro, no necesariamente, las sociedades van a ser más justas que las actuales. Lo que hace una catástrofe es endurecer las condiciones de injusticia en una sociedad. Pensemos en lo que nos está pasando ahora. Indudablemente, quienes tenemos Internet, libros o música podemos soportar el encierro mejor que las personas que no tienen esa posibilidad.

Los zombis que aparecen en su novela tienen la particularidad de murmurar versos de poetas, ¿a qué responde esta idea?

En mi novela los zombis son la esperanza. Al ser el futuro me pareció interesante que estén imbuidos de lo mejor que hemos hecho los humanos, que es la poesía y el arte.

En estos días se ha dicho que la crisis por el covid-19 ha reducido las emisiones de CO2 en la atmósfera, algo impensable, como lo que sucede con el río Machángara en su novela.

Los seres humanos hemos dañado de tal forma nuestro entorno, que es lógico pensar que si disminuyera nuestra presencia en el mundo la naturaleza tomaría un camino de mejoramiento y superación. A principios del siglo XX mi abuela se bañaba en el Machángara, la gente paseaba por sus orillas y había arrayanes. Ahora este río vive una situación dramática. Escribí ese pasaje de la novela pensando en la posibilidad de que nuestro entorno algún día vuelva a ser más poético.

En su novela, después del apocalipsis la religión sigue jugando un papel importante entre los sobrevivientes, ¿por qué?

Soy ateo pero creo que la religión es uno de los recursos que han tenido los seres humanos para comprender y asimilar mejor el mundo. En esa medida, la religión subsiste como un aglutinante de las catástrofes. En mi novela los zombis, que son la alternativa y el futuro, no tienen religión.

¿Cuando superemos esta pandemia cree que habrá un nuevo ‘boom’ de la literatura distópica?

Estaba pensando que entre los primeros textos que se van a publicar están los cuentos y novelas sobre la cuarentena. Imagínate que hay familias que no se ven nunca y que este rato están obligadas a volver a mirarse y a convivir por 15 días en un mismo espacio. Serán lecturas necesarias, porque los seres humanos requerimos discursos que nos ayuden a asimilar lo que nos sucede. En ese contexto, creo que los creadores tenemos el deber de devolverle a las personas lo que han vivido, de una forma que les permita discernir experiencias dramáticas.

Las novelas distópicas no son nuevas en el país, ¿qué autores considera como de referencia en este género?


Pienso en autores como Fernando Naranjo, que escribió ‘La era del asombro’; Leonardo Valencia, autor de ‘El libro flotante’; en Huilo Ruales con ‘Fetiche y fantoche’, que cuenta sobre un Quito en ruinas; o en Solange Rodríguez, que hizo una investigación interesante sobre lo distópico en la literatura ecuatoriana.

¿Qué novelas distópicas recomienda leer durante estos días de cuarentena?

Más que novelas distópicas recomiendo que la gente aproveche el tiempo leyendo obras sobre el pasado. Hay un libro histórico de Stevenson Runciman que habla sobre la caída de Constantinopla. El autor muestra cómo se produce la desaparición de un imperio y cómo los que sobrevivieron salieron adelante. También me parece oportuno volver a libros como ‘La peste’ de Albert Camus y ‘Diario del año de la peste’ de Daniel Defoe.

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