19 de septiembre de 2018 15:48

Juan Villoro: 'No estoy preparado para hablar exclusivamente de los migrantes'

El escritor y periodista mexicano Juan Villoro estuvo en Quito para dar una conferencia sobre narrativa, en el Centro Cultural Benjamín Carrión. Tres horas antes de su charla, que se desarrolló el 13 de septiembre del 2018. Foto: Patricio Terán/ EL COMERC

El escritor y periodista mexicano Juan Villoro estuvo en Quito para dar una conferencia sobre narrativa, en el Centro Cultural Benjamín Carrión. Tres horas antes de su charla, que se desarrolló el 13 de septiembre del 2018. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO.

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Gabriel Flores
Redactor (I)

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El escritor y periodista mexicano Juan Villoro estuvo en Quito para dar una conferencia sobre narrativa, en el Centro Cultural Benjamín Carrión. Tres horas antes de su charla, que se desarrolló el 13 de septiembre del 2018, se sentó en una de las mesas de la biblioteca para conversar con este Diario.

Durante cerca de treinta minutos lanzó una colección interesante de reflexiones sobre la crónica periodística pero se rehusó a hablar de cómo este género puede ayudar a retratar otras historias sobre la migración venezolana, una problemática social que atraviesa toda Latinoamérica y que confesó desconocer cómo tratarla.

¿Quería aprovechar su visita a Quito para conversar sobre cómo desde la crónica periodística se pueden generar otras lecturas de la migración venezolana?

Pienso que vivimos en un siglo de migraciones, pero no puede decir nada concreto sobre la migración venezolana.

Podríamos hablar de la migración en un contexto más general

Vivimos en un siglo de desplazados y creo que tenemos una grave situación en la medida que hay una globalización económica, pero no hay una globalización que permita que la gente viva en los lugares donde quiere vivir. Los desplazamientos forzosos han llevado a una política nacionalista cada vez más conservadora. En Europa presidentes como Angela Merkel han decidido darle acogida a los migrantes y han pagado un costo político grande por eso. Los mexicanos tenemos un problema muy grave con la política restrictiva de Donald Trump que pretende construir un muro que será básicamente una barrera simbólica, porque eso no va a frenar la migración pero la hará más difícil y más gente morirá tratando de cruzar al otro lado. Lo único que sé del problema venezolano es lo que he visto hoy en Quito y solo puedo decir que nadie se iría de su país a buscarse la fortuna abandonando a su familia si tuviera los recursos necesarios.

¿Cómo abordar el problema de la migración desde la crónica periodística para no caer en los clichés de siempre?

No creo que deba existir un enfoque especial para los migrantes. Creo que cualquier cronista que se ocupe de cualquier realidad debe entender la complejidad de ese entorno. Ryszard Kapuscinski busca en cada uno de los personajes que entrevista la posibilidad de un universo completo. Una de sus grandes lecciones es que cualquier persona tiene el derecho a ser neurótica, compleja, sofisticada y caprichosa atributos que muchas veces solo les concedemos a los artistas o la gente favorecida, pero bien mirada cualquier vida es intrínsecamente compleja. Este conocimiento del otro ya sea de alguien que vaya a África como Kapuscinski o alguien que siga la ruta de los migrantes como los cronistas que han escrito sobre La Bestia, el tren que atraviesa todo México busca complejizar la realidad, entender al otro como un universo completo no solamente como un arquetipo.

¿Entonces cree que hay una intención de retratar al migrante solo como alguien bueno?

No sé porque solo hablas de los migrantes. No puedo hablar de algo que ignoro tanto. Podemos hablar en general de la crónica, pero no me he ocupado de los migrantes. No tengo una especificidad al respecto. Creo que una de las principales lecciones éticas del periodismo es prepararse para hablar de un tema y yo no estoy preparado para hablar exclusivamente de los migrantes. Es como si me preguntarás de física. El migrante no solo es migrante, sino una persona. Y en esa medida tiene un destino complejo.

Le pregunto esto porque usted ha trabajado mucho la crónica

La crónica tiene como presupuesto esencial tratar de entender la realidad. Si me preguntas de los temas que me he ocupado te puedo hablar de ello pero si me consultas de los migrantes es como si me preguntarás sobre nado sincronizado, un deporte que sé que existe pero que no conozco. Como te dije los migrantes son un problema planetario muy grave pero no tengo claves específicas para hacer crónicas sobre los migrantes.

Pero tiene una columna de opinión donde habla de muchos temas

Hablo de temas que más o menos conozco pero si me preguntas si hay vida en Marte no te puedo decir mucho.

Entonces hablemos de la crónica, ¿cuál es su visión de la crónica que se escribe en la región? ¿cree que ha ganado potencia en los últimos años?

Creo que sí, que ha ganado un prestigio que antes no tenía. Durante mucho tiempo grandes escritores renovaron la literatura a través de la crónica. Si pensamos en crónicas de principio del siglo XX como las de José Martí o las crónicas de Gabriel García Márquez. Durante mucho tiempo se ejerció la crónica con talento, pero no había una recepción del género que lo favorecía. Hace un par de años Elena Poniatowska recibió el Premio Cervantes y se definió básicamente como periodista. Su libro central es ‘La noche de Tlatelolco’ que registra la matanza durante el movimiento estudiantil del 68 y curiosamente con unos meses de diferencia Sveltlana Aleksievich ganó el Premio Nobel de Literatura con un libro polifónico que registra la tragedia de Chernóbil. Eso demuestra que las mejores expresiones perduran más allá de las circunstancias que le dieron origen. El buen periodismo es literatura bajo presión.

¿En ese contexto no cree que hace faltan más historias que retraten al poder?

Quizás nos falta tener más contacto con lo que se está escribiendo en los países de América Latina. Por ejemplo, el gran cronista peruano Luis Jochamowitz hizo un libro sobre Fujimori y otro sobre Montesinos. Estas son dos crónicas de retrato del poder que me parecen extraordinarias, pero tienes razón no es lo más común. Hay muchos países en el que este tipo de crónicas no se ha dado. También hay un libro de los venezolanos Cristina Marcano y Alberto Barrera sobre Hugo Chávez que se llama ‘Hugo Chávez sin uniforme’. Estos cronistas tuvieron acceso a los diarios románticos de Chávez. Creo que lo importante es que así se trate de una persona repugnante tú debes tratar de profundizar en su complejidad humana y darle al otro la oportunidad que se defienda de la mejor manera. Pienso en la crónica que hizo Jon Lee Anderson sobre el Pinochet donde él entrevista solo a personas que elogian a Pinochet y aún así te das cuenta que es un ser oprobioso.

¿La crónica tiene un espacio real en los periódicos o necesariamente es un género pensado para las revistas?

Ahí hay una paradoja de nuestro tiempo. Por un lado creo que la crónica ha adquirido prestigio cultural. Ahora es posible hacer un encuentro internacional de crónica, una antología de crónicas o un concurso de crónicas, pero al mismo tiempo es muy difícil publicar crónicas porque se han ido perdiendo plataformas que puedan publicarla. Los periódicos se han adelgazado muchísimo. En internet predomina una idea muy escueta y urgente de la información. Hay quienes sostienen que si una nota tiene más de tres párrafos, no se lee. El gran desafío es lograr que el interés social que ha despertado la crónica encuentre plataformas para expresarse.

¿En ese contexto hay experiencias exitosas como El Faro?

Está El Faro y también Anfibia que son espacios que han entendido que internet no solo es para la lectura inmediata. En internet puedes leer de muchas maneras. Muchas veces se piensa que una plataforma digital tiene que ofrecer textos que leas en su totalidad y a veces solo lees fragmentos.

¿Cuál fue la última crónica periodística que leyó?

Acabo de leer una biografía escrita por Mariana Enríquez sobre la escritora argentina Silvina Ocampo. Tiene mucho de crónica en la medida en que reconstruye a través de distintas voces la vida de esta escritora que vivió un poco a la sombra de su marido Adolfo Bioy Casares. En cuanto a crónica acabo de leer una muy buena de un escritor estadounidense que tiene muchas historias de viajes a bordo de trenes. Es probablemente el mejor cronista de viajes vivo. En uno de ellos fue a Perú y a Ecuador en busca de la ayahuasca.

Los talleres de crónica periodística se han vuelto populares, ¿en qué medida son útiles?

Creo que son muy buenos, pero a veces conducen a la frustración. Me ha tocado estar en varios talleres donde una revista o periódico ofrecen a sus periodistas la oportunidad de tratar de ampliar sus recursos en el género de la crónica. Lo que sucede es que no necesariamente les dan las posibilidades de ejercer posteriormente la crónica y de publicarla.

¿Ha leído crónicas de autores ecuatorianos?

No, hace mucho que no leo nada relacionado con Ecuador en medios.

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