15 de September de 2010 00:00

Tres camarógrafos cuentan sus razones para amar la imagen

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Redacción Espectáculos

Para manejar una cámara de video no solo se necesita técnica, también es necesario el interés y saber actuar frente a las situaciones noticiosas que les impone el día a día. También dicen que deben saber detectar los límites, no hay que arriesgar mucho, aseguran.

Entra y mira el lugar. Se ubica para tener la mejor imagen en una rueda de prensa que cubría el lunes pasado casi al mediodía. Galo Ushiña tiene 53 años, de estos 35 los ha pasado mirando a través de una cámara de video. En su trayectoria en este oficio ha estado en algunos canales como TC Televisión y Canal 8. Pero desde 1990 trabaja en Teleamazonas.Con Carlos Vera trabajó durante cuatro años, fue su segunda experiencia como camarógrafo. Antes, en 1964, se inició en TV Nacional Canal 8 como asistente de cámara, dos años después ya pasó a ser camarógrafo.

Siguió trabajando con Vera y por cuatro años fue su camarógrafo en CV Televisión, luego pasó a TC Televisión, ahí estuvo también cuatro años.

La experiencia más dura que cuenta Ushiña fue cuando trabajaba en Canal 8. Recuerda que se dirigía a su casa, y en Quito se gestaba un golpe de Estado. “No recuerdo el año, ni quién estaba en el poder”, dice.

Se dirigía a su trabajo en bus y de repente en la intersección de las calles Venezuela y Mejía, en el centro de Quito, escuchó disparos. Se bajó del bus y corrió, al girar la esquina chocó con un hombre, este dio un paso atrás y recibió un disparo que le cercenó la pierna. “Si no chocaba y yo daba el paso, hubiese sido mi pierna la que recibía el disparo”. En ese entonces ya era camarógrafo, esa tarde no tenía su cámara, entonces reportó por teléfono lo sucedido.

Desde 1990 trabaja en Teleamazonas y durante su carrera ha enseñado el oficio a varias per-sonas. Entre ellas está Alberto Casamen, camarógrafo de noticias de TC Televisión. Él tiene 54 años y hace 24 trabaja en esta televisora, en la oficina de Quito. Se inició en televisión cuando conoció al ahora activista político Carlos Vera, mientras jugaban tenis en el club Castillo de Amaguaña, en Los Chillos, comenta mientras se acomoda en una silla en la redacción de TC.

“Yo lo veía en Canal 8”, dice Casamen. Entre juegos de tenis, Casamen le pidió a Vera que lo llevara a la televisión y él le respondió que sí. No recuerda cuántos meses después Vera le dijo que se acercara a trabajar. Contento fue y por un tiempo estuvo como asistente, luego aprendió cámaras y desde entonces ve los sucesos del país detrás del lente de la cámara. Hace 23 años se desvinculó de Carlos Vera y entró a TC y ahí labora. Hace unos días llegó de la cobertura del presidente Rafael Correa fuera del país, el lunes, sus compañeros de trabajo le reclamaban por los regalos. “No les traje”, les respondió.

En Ecuavisa está Luis Cortez, él está en el canal desde 1990, tiene 39 años. Cortez entró al canal de Bellavista, en Quito, como técnico electrónico, pero a la semana le pasaron a noticias como camarógrafo. “El canal ha sido la escuela de este oficio”.

La experiencia más dura que pasó no la olvida. Fue en 1995 y la vivió mientras Ecuador y Perú estaban en guerra. Estuvo en ambos lados de la línea de fuego. En el lado ecuatoriano estuvo en Gualaquiza, Morona Santiago y en el país del sur estuvo en Piura.

Pero la guerra terminó y se fue de viaje a Lima con el periodista José Toledo, allá estaba Bernardo Abad y al terminar la guerra este último se regresó. Pero ninguno contaba con que la guerra se activara y al quedar Toledo y Cortez en Lima ellos debían cubrir lo que sucedía allá. Ambos, en sus coberturas, debían salir a las calles y reportar lo que sucedía. Pero la gente los reconoció como ecuatorianos. “Nos agredieron físicamente, a Toledo le pegaron fuerte”. Desde ese momento ya no salieron del hotel, estuvieron 15 días.

Los tres tienen vidas agitadas, su horario depende de las coberturas del día. Existen coyunturas que los pueden sacar de sus hogares en las madrugadas, cargar su cámara y aplastar el botón rojo de grabar. Todo por el televidente.

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