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La transición de lo virtual a lo físico marca un hito para los adolescentes que se identifican como animales en el país.
Tras el éxito de convocatorias en México y Argentina, la comunidad de Quito, Ecuador, se prepara para su primer encuentro presencial, mientras expertos analizan el papel de las redes sociales y la salud mental en estas nuevas subculturas.
En un mundo hiperconectado, la búsqueda de identidad ha encontrado un nuevo canal de expresión en Ecuador y otros países de Latinoamérica.
Los therians, niños y adolescentes que aseguran sentir una conexión espiritual o identitaria con animales, han pasado de la invisibilidad a la viralidad. Según Eduardo Miguel Figueroa, experto en Comunicación Digital, plataformas como TikTok han convertido este fenómeno en tendencia gracias a su alto impacto visual y capacidad de réplica.
Figueroa señala que, si bien la conexión humano-animal no es nueva, el algoritmo hoy amplifica estas microcomunidades, facilitando que jóvenes de Quito repliquen encuentros ya vistos como en Chile o México.
La visibilidad ha motivado la organización de una “quedada therian” en el parque La Carolina este domingo 22 de febrero a las 14:00.
Sin embargo, Figueroa advierte que esta exposición conlleva riesgos: “Existe una polarización fuerte; mientras unos encuentran comunidad, otros enfrentan burlas, memes y ciberacoso debido a la incomprensión”.
La psicóloga Sol Ríos analiza este comportamiento como una respuesta a la necesidad de identidad en la era digital.
Según Ríos, ante la carga laboral que a veces aleja a las familias, los adolescentes encuentran en estas subcomunidades (therians) un mecanismo para sentirse parte de algo.
La tecnología, en este caso, actúa como el puente que permite a estos jóvenes explorar autopercepciones que ellos definen como un vínculo persistente con un animal específico.
Ríos también destaca que este fenómeno no debe confundirse con un simple pasatiempo:
“No se lo asocia a un comportamiento lúdico; más bien se habla de una identidad, de una identidad interna donde la persona se identifica con algún tipo de animal”.
Desde el ámbito clínico, la psicóloga Alexandra Santiana profundiza en lo que define como “disforia de especie”. Para Santiana, no se trata de un simple disfraz, sino de una inconformidad vital donde el joven no acepta su realidad, su cuerpo o su voz. “Quisiera tener lo que tiene el gato o el perro; la belleza y la prudencia que no encuentran en los humanos que les rodean”, explica.
Este sentimiento suele nacer en entornos donde no hallaron la sensibilidad o cercanía necesaria en padres o autoridades.
Por ello, recalca que no es cuestión de ser permisivos, sino de brindar apoyo emocional y familiar: “La identidad es cómo nos vemos en la única vida que tenemos; si hay caos en la mente, el problema no es la persona, sino lo que está sintiendo”.
Los especialistas coinciden en que los padres y profesores deben estar alerta ante cambios de actitud, aislamiento o baja en el autoestima.
Si un joven cree que no es merecedor de cosas buenas y se refugia exclusivamente en su identidad therian para escapar de un conflicto interno, es momento de buscar ayuda profesional.
La “quedada” en La Carolina será, para muchos, el primer paso para salir del aislamiento digital y buscar una validación que, hasta ahora, solo encontraban tras una máscara.
