7 de September de 2010 00:00

‘Don Betita’ escribe su historia en el Montúfar

valore
Descrición
Indignado 0
Triste 3
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 4
Ma. Fernanda Mejía,

LEA TAMBIÉN

LEA TAMBIÉN

Cuando el timbre de entrada se escuche mañana, en los patios del Colegio Montúfar, Gerardo Betancourt saludará a la última de tantas generaciones de estudiantes que conoció.

Hace 41 años dejó su tierra, Conocoto, para convertirse en el conserje de este colegio emblemático del sur de Quito. Allí, todos lo conocen como ‘Don Betita’, el empleado más antiguo, que camina a paso lento por los pasillos, limpia los laboratorios y ofrece uno que otro consejo.

El hombre, de 67 años, recorre de memoria aquel laberinto que resulta el Montúfar para quien apenas lo conoce. Su jornada se inicia a las 06:30, cuando las canchas aún emanan el vapor del frío de la madrugada.

No olvida el día que fue a vivir en el Colegio por pedido del entonces rector, Oswaldo Custode.En esa época “era pollito”, tenía 26 años, y llegó de la mano de su esposa, Rosa Rojas. Mostrando su foto, recuerda que “cargaba al guagua en la espalda” y le ayudaba a barrer las aulas. Hace 17 años ella falleció y siempre la extraña. “Mi pobre viejita se acabó”, se lamenta.

Su vivienda es una habitación donde apenas cabe su mesa, el anaquel con la ropa, la cocineta y el sillón. Unas angostas gradas conducen a su altillo, que él mismo adecuó. Allí, Betancourt se encorva para llegar hasta su cama, que está junto a la de su hija Mónica, con quien aún vive.

Repasando un álbum de fotos, ‘Don Betita’ cuenta que ahí crió a sus cuatro hijos: Susana, quien estudió y es profesora del Simón Bolívar; Patricio, ex alumno del Montúfar; Mónica, quien fue abanderada del colegio Quito, y Enma, quien le dio la única nieta mujer, de otros cinco nietos.

En una de las paredes de la oscura habitación ostenta el diploma de su tercera hija, que se graduó de licenciada en Administración de Empresas, en la Universidad Central. Emocionado y esbozando una sonrisa, dice que Patricio, el segundo de sus hijos, le compró una “linda camioneta negra”, una Toyota del 2008.

En medio de objetos antiguos, entre ellos una vitrola, conserva una placa con su nombre. La banda de guerra del Montúfar, del 2002, le entregó un reconocimiento por su trabajo. Ese colegio le ha dado varios diplomas, al cumplir 15, 25 y 35 años de servicio.

En esos años, Betancourt conoció a ex alumnos que hoy son conocidos personajes: el actual comandante de la Policía, general Freddy Martínez; el presidente de la Federación Ecuatoriana de Fútbol, Luis Chiriboga, y el ex ministro de Finanzas, Marco Flores. Lo confirma el secretario del colegio, Napoleón Pozo, que llegó al Montúfar hace 21 años.

En las reuniones de ex alumnos ‘Don Betita’ es parte de las anécdotas. Pozo también recuerda que, cuando el conserje limpiaba las oficinas del rectorado, siempre ofrecía “tostadito caliente con chicharrón de pollo”.

Mientras camina por el centro educativo, el hombre, que viste camisa y un pantalón de pinzas, dice que gana cerca de USD 500 y no paga arriendo por vivir en el colegio. Eso le permitió ahorrar y comprar una casa en la Mena 2, donde, por ahora, vive su hijo.

Cuando aún estaba en circulación el sucre, dice que adquirió un terreno de 620 metros, en Conocoto. Piensa volver algún día a ese lugar, donde quedó huérfano de padre a los 10 años, “y andaba patilluchito”.

Satisfecho y seguro confirma que hizo un buen negocio: “¿Adivine en cuánto me compré el terrenito?”, inquiere. Y responde: “A un dólar, a 25 000 sucres”... Ahora, espera a que el Gobierno entregue los recursos que ofreció para que los empleados se jubilen de manera voluntaria.

Fanny Rodríguez, rectora del Montúfar, sostiene que los conserjes están amparados en la Ley Orgánica de Servicio Civil y Carrera Administrativa (Loscca).

Betancourt ya inició los trámites para retirarse y espera hacerlo en los próximos meses.

Mientras tanto, las tareas que hoy le asignan demandan menos esfuerzo por su edad.

Cuando se jubile y deba marcharse a casa, dice que extrañará la presencia de los estudiantes. “Uno se enseña con los guambritos”. En las vacaciones, el Montúfar se ve vacío; por eso se emociona al saber que las clases se reanudan mañana. Como todos los años, ‘Don Betita’ abrirá la puerta grande a los alumnos.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (15)
No (0)