3 de marzo de 2019 00:00

‘Señor… ¿Usted viene a detener y a encarcelar al Presidente?’

En la foto, del 27 de enero de 1972, aparecen en el centro el presidente José María Velasco Ibarra y su esposa, Corina del Parral. A la izquierda, el general Guillermo Rodríguez Lara, comandante del Ejército. A la derecha, Josefina Villalobos, esposa de S

En la foto, del 27 de enero de 1972, aparecen en el centro el presidente José María Velasco Ibarra y su esposa, Corina del Parral. A la izquierda, el general Guillermo Rodríguez Lara, comandante del Ejército. A la derecha, Josefina Villalobos, esposa de Sixto Durán Ballén, entonces alcalde de Quito. Foto: Archivo el Comercio

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Germán Rodas Chaves* (O)

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Alrededor de las seis y media de la tarde, el capitán de Corbeta Jorge Queirolo Gómez, al mando de cinco marinos, llegó a una residencia ubicada en la ciudadela Los Ceibos de Guayaquil, en donde se encontraba el entonces mandatario ecuatoriano José María Velasco Ibarra. Él se hallaba en esos momentos con la protección de cuatro soldados que, a pedido de Queirolo, permanecieron en los exteriores de dicho domicilio.

Cuando Velasco Ibarra fue abordado por el capitán de Corbeta Queirolo Gómez, le dijo: “Señor… ¿usted viene a detener y a encarcelar al Presidente?”. A esta interpelación Queirolo le respondió: “Cumplo disposiciones superiores y le notifico que le voy a conducir al aeropuerto, allí recibiré instrucciones y las haré conocer a usted de inmediato”. El suceso ocurrió el martes 15 de febrero de 1972 -día de Carnaval- sin ningún contratiempo, puesto que los soldados no interfirieron en la misión de Queirolo Gómez.

Velasco Ibarra había ejercido la Presidencia Constitucional desde el 1 de septiembre de 1968 hasta el 22 de junio de 1970 y a partir de esa fecha se proclamó jefe de todos los Poderes del Estado. En los días del feriado de Carnaval de 1972 concurrió a las fiestas que, por ese motivo, se efectuaron en Ambato, desde donde -a través de su Edecán- le hizo saber al general Rodríguez Lara su interés por mantener una reu­nión urgente con él.

No obstante esta circunstancia, el Gobernante, quien había retornado en las horas de la mañana de ese martes al Palacio Presidencial, resolvió viajar en la tarde de ese mismo día en un avión de la Fuerza Aérea Ecuatoriana a Guayaquil, dejando -en la práctica- insubsistente cualquier posibilidad de encontrarse con Rodríguez Lara.

La salida de Velasco del Palacio de Carondelet ocurrió de manera imprevista -puesto que su esposa, Corina del Parral, se hallaba delicada de salud- y aconteció luego de una breve y reservada conversación de Velasco Ibarra con un conocido suyo, Oswaldo Chiriboga Chiriboga, quien acudió al Palacio Presidencial señalando que era portador de una información verdaderamente urgente y estrictamente confidencial.

“En Guayaquil, el doctor Velasco pretendió concurrir al Canal 10 de TV con la intención de expresar que las Fuerzas Armadas se oponían a las elecciones presidenciales, lo cual hubiese provocado un imprevisible enfrentamiento del pueblo de Guayaquil y la Institución Militar, actitud que podía replicarse en el resto del país. Por ello dispuse el inmediato traslado del doctor Velasco Ibarra a Panamá en un avión de la Fuerza Aérea Ecuatoriana. Los acontecimientos desem­bocaron por la actitud del doctor Velasco y coincidieron con los días de Carnaval” (testimonio escrito del general Guillermo Rodríguez Lara, proporcionado al autor de este texto).

En efecto, Velasco Ibarra fue conducido en un avión militar desde Guayaquil a la ciudad de Panamá. Llegó en horas de la noche y se hospedó en un modesto albergue -el Hotel Fiesta- cercano al aeropuerto. Luego de un par de días, Velasco Ibarra se reunió en el aeropuerto panameño con su esposa y con su sobrino nieto Jaime Acosta Espinosa. Velasco llegó a la terminal aérea panameña acompañado de quien había sido su embajador en ese país, Eduardo Arosemena Gómez. El expresidente y sus familiares viajaron de manera inmediata a Buenos Aires.

Si bien los sucesos del día del ‘Carnavalazo’ ocurrieron como quedan relatados y permitieron que las Fuerzas Armadas asumieran el poder, no es menos verdad, también, que los mismos acontecimientos constituyeron el corolario de un ambiente político nacional lleno de preocupaciones y de estratagemas ante los posibles resultados electorales presidenciales, toda vez que los ecuatorianos se preparaban a concurrir a las urnas, en un mediano plazo, con el fin de elegir el nuevo Gobierno Constitucional.

En este entorno, adicionalmente, la posibilidad del triunfo presidencial del dirigente popular de Concentración de Fuerzas Populares (CFP), Asaad Bucaram, inquietó a ciertos sectores políticos y económicos que se habían comenzado a articular -no sin dejar de mostrar alguna avidez- como consecuencia de las nuevas expectativas comerciales del país con base en la producción petrolera, que entonces se hallaba próxima a entrar en plena actividad en el país.

Todo lo señalado formó parte de los antecedentes para que sobreviniera la sustitución del régimen velasquista, realidad que descubrió, adicionalmente, la intranquilidad de importantes sectores de las FF.AA. frente al contexto histórico.

El acontecimiento de febrero de 1972 no supuso, exclusivamente, la manifestación de los nuevos roles y compromisos del poder militar, que al interior de determinados núcleos de las Fuerzas Armadas de algunos países ya se habían advertido -tal el caso de la dictadura militar del Perú, dirigida por el general Velasco Alvarado- o bien a propósito de la incidencia -como también sucedió en algunos lugares de la región- de doctrinas de cambio social, como la denominada Teología de la Liberación.

Al respecto de todo esto, el general Rodríguez Lara afirma: “No tuve ninguna vinculación con el gobierno del presidente del Perú Velasco Alvarado. Igualmente, la Teología de la Liberación no influenció en mi Gobierno”.

Más allá de estas aserciones, Rodríguez Lara proclamó -en marzo de 1972- una propuesta de Gobierno denominada ‘Nacionalista y Revolucionaria’, cuya orientación se expresó, por ejemplo, en la defensa de las 200 millas marinas y en la definición de una política petrolera en función de los intereses nacionales, asuntos que dieron un matiz particular al régimen. En más de una oportunidad se conjeturó que tales iniciativas procedieron, también, debido a la cercanía con el gobernante del importante militante socialista Luis Maldonado Tamayo.

“Luis Maldonado Tamayo -asevera Rodríguez Lara- fue un distinguido coterráneo, distinguido educador, fogoso político socialista, además de un respetuoso amigo familiar… Maldonado Tamayo cooperó -por sugerencia de destacados pujilenses- en mi gestión organizando diferentes discursos oficiales, cuyo contenido y los distintos puntos a tratarse yo le hacía conocer con anterioridad… Luis nunca aceptó ninguna remuneración; me acompañó a los actos oficiales así como en mi única salida del país a la Conferencia de la Organización de Países Exportadores de petróleo (OPEP) realizada en Argelia”.

El ‘Carnavalazo’ de 1972 -que dio origen al gobierno del general Rodríguez Lara entre febrero de 1972 y enero de 1976- cerró no solamente el ciclo de los gobiernos de Velasco Ibarra y puso fuera de toda posibilidad electoral al dirigente político Asaad Bucaram, sino que, sobre todo, abrió un período que ha estado atravesado -en medio de vaivenes de todo tipo- por la actividad petrolera, esa riqueza nacional que ha incidido de manera transcendental en las encrucijadas de las últimas décadas de nuestra historia. 

*Historiador y escritor.

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