24 de junio de 2018 00:00

La mitad de las tierras en Ecuador muestran signos de degradación

La erosión o la polución han provocado que el 33% de las tierras del planeta esté degradado.

La erosión o la polución han provocado que el 33% de las tierras del planeta esté degradado. Foto: Agencia AFP

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Isabel Alarcón
Redactora (I)

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Las tierras que antes estaban cubiertas por bosques, poco a poco se han ido convirtiendo en desiertos y zonas áridas. La agricultura sin prácticas sostenibles, la presencia de ganado sin control y la tala de árboles para el uso humano están causando daños permanentes en los suelos que antes eran productivos.

La degradación y desertificación de grandes extensiones de tierra son un problema que afecta directamente a 250 millones de personas en el mundo y 169 países ya sufren sus efectos. Ecuador no se escapa de esta realidad. En el país, alrededor del 49% de las tierras está degradado y un 22% se encuentra en proceso de desertificación.

María Victoria Chiriboga, viceministra subrogante de Ambiente, explica que la desertificación es el estado en el que la tierra pierde totalmente la capacidad de producir; ya no es un suelo fértil y esto es más evidente en otras regiones como el desierto del Sahara.

En el país hay zonas en proceso de desertificación como la cuenca del río Jubones, que comprende a las provincias de Azuay, Loja y El Oro. Para Chiriboga, esto se ha convertido en uno de los principales problemas ambientales a escala nacional. Provincias como Manabí, Santa Elena, Chimborazo, Tungurahua y Cotopaxi también muestran problemas.

En las zonas tropicales es más probable que resurja la vegetación, pero en ecosistemas andinos la labor es más complicada. En estas zonas, donde el bosque se eliminó hace mucho tiempo, solo queda el páramo. Este tipo de ecosistema nunca se recupera de un daño a nivel de suelo. Chiriboga explica que el suelo del páramo tiene un compuesto químico. En el momento en el que se trata de romperlo para introducir herramientas como las palas, este se descompone y pierde la capacidad de regenerarse.

Hay zonas que antes eran páramo como el desierto de Palmira, en Chimborazo, que se podría recuperar en otro ecosistema. No necesariamente volvería a ser páramo, pero se podría tener cultivos, dice la Viceministra.

Uno de los principales problemas del avance de la degradación de los suelos es el impacto que puede tener en la soberanía alimentaria. Menores extensiones de tierras productivas generarán menos alimentos y forzarán a que las personas dejen sus hogares.

Según la Organización Naciones Unidas (ONU), hasta 143 millones de personas tendrían que salir de sus países antes del 2050 para huir de la escasez de agua y de la pérdida de productividad del suelo. La problemática puede ser reversible, pero es costosa y puede tomar muchos años. Iniciativas en China han demostrado que después de 30 años de trabajo es posible transformar tierras áridas en bosques.

Loja es un ejemplo local, dice Chiriboga. Allí se ha trabajado en la recuperación hídrica con un proyecto de tajamares y pilancones en Catacocha. El proceso se lleva a cabo con el pueblo palta y permite que se abastezcan de agua durante la época seca.

Una de las principales iniciativas del MAE es el proyecto Gestión Integrada para la Lucha contra la Desertificación, Degradación de la Tierra y Adaptación al Cambio Climático (Giddacc) a través del cual se realizan talleres, diagnósticos y evaluaciones. En la cuenca del río Jubones se ha logrado un proceso de generación de materia orgánica para sembrar frutales aunque es una zona desértica y rocosa. También se cuenta con el apoyo del Servicio Forestal coreano.

La idea es enfocarse en la capacitación a los pequeños agricultores en implementación de prácticas sostenibles como la forma en la que se hace el arado, la agroforestería y la silvopastura, que es la ganadería con la presencia de árboles.

En Carchi se está aplicando esta técnica en la comunidad de Aguafuerte. Hernán Benavides, a cargo del proyecto privado, explica que están enfocados en analizar el comportamiento de suelos, pastos y animales. La presencia de plantas ayuda al pasto, este a su vez da el alimento a las vacas y esto hace que los animales produzcan más leche, mientras se conserva el suelo.

Diego Moreno, representante comercial de proyecto Biodiesel, está trabajando en una iniciativa para reforestar zonas desérticas con la planta hindú llamada Jacthropa, usada para producir biocombustibles y derivados en zonas afectadas de la Costa ecuatoriana. Moreno explica que la planta está diseñada para este tipo de ambiente, pero necesita cuidados durante su crecimiento que estarían a cargo de los habitantes de la zona. El proyecto está en busca de financiamiento.

Para Chiriboga, lo más importante es que las personas tomen conciencia de la importancia del suelo. Ecuador está trabajando en un proyecto para lograr una degradación neutral de la tierra.

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