19 de julio de 2018 00:00

Cursos de verano que difunden las tradiciones, en Ibarra

En el poblado de Salinas, niñas y adolescentes aprenden a bailar  la bomba. Foto: cortesía Sindi Tapia.

En el poblado de Salinas, niñas y adolescentes aprenden a bailar la bomba. Foto: cortesía Sindi Tapia.

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José Luis Rosales
Redactor
 (F-Contenido Intercultural)

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Los secretos de la bomba, la danza y género musical del territorio ancestral del Valle del Chota, serán difundidos entre chicos de la parroquia Salinas, en Ibarra (Imbabura), durante la temporada de vacaciones. La enseñanza del cadencioso ritmo, en el que incluso las niñas aprenden a danzar con una botella en la cabeza, es uno de los ejes centrales de este campamento de verano.

Esta iniciativa, con enfoque étnico cultural, se reedita cada año desde el 2005, por iniciativa de la Junta Parroquial de Salinas, explica Sindi Tapia, funcionaria de la entidad.

Eso ha permitido promover a nuevos conjuntos para que mantengan la tradición. El año anterior, por ejemplo, surgieron los grupos del Proyecto Queremos Crecer y ser Mejores y Yoruba. Este último está integrado por nueve chicas de la comunidad de Cuambo.

La idea es que los niños luego puedan integrarse a iniciativas culturales que apuntan a posicionar la cultura como un producto turístico. Actualmente hay tres emprendimientos juveniles que reciben a los viajeros que llegan en el ferrocarril, con música y danza.

Esta vez, el campamento vacacional se desarrollará del 30 de julio al 9 de agosto. La meta es superar los 120 participantes, entre niños y adolescentes, que asistieron el año pasado.

Una actividad parecida también se impulsa en la parroquia Miguel Egas Cabezas, en el cantón Otavalo. Por esta época se dictan cursos de música, danza, computación y fútbol.

En esta parcialidad, con población mayoritariamente indígena, los pequeños aprenden a interpretar los ritmos autóctonos con guitarras, violines, melódicas, pallas, bandolines, quenas y gaitas.

Entre las melodías más tradicionales están el sanjuanito, inti raymi y fandango. Este último no puede faltar en ceremonias indígenas, principalmente matrimonios y funerales de niños, explica Alonso Pichamba, instructor de violín. En la danza, en cambio, apuestan por lo tradicional y étnico contemporáneo.

Durante este curso, que arrancó esta semana y que se extenderá hasta el 24 agosto, los niños se capacitarán en coreografías que están inspiradas en algunos ritos y costumbres de esta localidad que pertenece al pueblo Otavalo. Una de ellas, comenta Yaric Pineda, bailarín y profesor de danza, es el Tumarina, ceremonia sagrada que se práctica durante el Pawkar Raymi (Fiesta del Florecimiento).

En esta representación se recrea el rito que es una especie de bautismo en el que las personas mayores colocan con la palma de su mano los pétalos sumergidos en agua, sobre la cabeza de sus seres queridos.

La dinámica que genera el período vacacional tiene sus particularidades en cada sector de Imbabura. En jurisdicciones como Angochagua, ubicada en el suroriente de la capital provincial, en el territorio del pueblo Karanki, se busca que los jóvenes se apropien de la artesanía del bordado. Es uno de los 10 talleres dirigidos a escolares, de entre 7 y 14 años.

Dioselina Churuchumbi, vecina de la comunidad de Chilco, compartirá con los participantes la técnica de coser los vistosos hilos, tal como aprendió de sus ancestros.

Sin embargo, la propuesta es que innoven con otras prendas y no solamente en blusas y artículos para el hogar, explica Ana Guamán, funcionaria de la Junta Parroquial de Angochagua, a cargo de este curso vacacional, que se impartirá del 23 de julio al 12 de agosto.

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