18 de August de 2012 00:01

Tres recientes y distintas novelas ecuatorianas

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Tres autores ecuatorianos han presentado recientemente sus creaciones literarias. Javier Villacís, Rafael Lugo y Ramiro Arias no solo distan por sus edades, sino que lo hacen en sus búsquedas narrativas. Ofrecemos tres lecturas de sus libros; seguramente usted, lector, tendrá otra.

Javier Villacís M.
Nació en Esmeraldas, Ecuador, en 1981, es ingeniero en Agronegocios. Trabaja en el Ministerio de Agricultura. Busca integrar una propuesta literaria y científica.
‘Unvral° La llave del Universo’, publicada por Zargon, es su primera novela. En ella integra hechos y personajes reales dentro de la ficción.

Una ficción para salvar al mundo
Entre el misterio, la Cueva de los Tayos ha capturado la atención de personas de ciencias, de fe y de letras. Ahora, Javier Villacís Mejía hace que allí reposen los códigos para entender la historia de la humanidad y la clave de su salvación. ‘Unvralº’ es una novela que suscita interés por los vínculos que el autor tiende entre distintas teorías, desastres naturales, misterios del mundo y una base apocalíptica.

‘Unvralº’ es una ficción, mas existe una pretensión divulgativa en el proyecto de Villacís: junto a los textos se hallan fotografías y reproducciones de prensa que buscan mostrar la veracidad de las investigaciones o la evidencia de lo recreado por el autor. Sucede con la Teoría de la Unificación postulada por Burkhard Heim y que se convierte en el argumento que dinamiza los acontecimientos. La novela es un ejercicio que se debate entre el rigor de la ciencia ficción dura y las licencias de la blanda; da relevancia a datos técnicos y trama una historia con proyecciones hacia otros subgéneros. Entran matices del romanticismo (en la construcción de los héroes y en la entrega por una patria sincronizada con el mundo), las teorías de la conspiración o la épica. Además, el escrito mueve un mensaje esperanzador y se embarca en lo utópico.

A pesar de lo accidentado de la prosa, gana el abordaje de los temas, la vinculación de subtramas y un juego entre personajes ficticios y reales. Vale apuntar trabas en la verosimilitud y el olvido de postulados filosóficos que van en el mismo orden de los incluidos en la novela. Asimismo el autor opta por referir canciones de Silvio Rodríguez o de Calle 13 y poemas de Pablo Neruda, la opción es desafortunada, por excesiva.

Los espacios, cuyas atmósferas están bien logradas, no se limitan a los Tayos, sino que se extienden al Chimborazo, al Zamorano, al Vaticano, a Indonesia. Los lugares y la trama buscan una estructura de tejido, en cuyos nudos está la solución -novelada- a la decadencia del planeta.
Flavio Paredes Cruz

Rafael Lugo
Nació en Quito, en 1972. Estudió Derecho y se decantó por la literatura. Colabora con la revista Soho y ha publicado los libros: ‘Abraza la
oscuridad’, ‘Veinte’, ‘Al dente’ (artículos) y ‘7’.
Su más reciente novela fue presentada, en un atípico lanzamiento en la discoteca Blues, un espacio muy relacionado con sus personajes.

Las personalidades del exceso

Las horas y los días se viven a través de la desesperación de Íñigo; un tiempo lineal marca la estructura de la última novela de Rafael Lugo. Colocar un día por capítulo resulta intrigante y logra mantener el enganche con esa sensación de querer saber “qué pasará mañana”. Esa secuencia ordenada se vuelve cíclica y llega a producir ansiedad sobre la monótona vida del personaje. El paralelismo de sus personalidades es lo que permite recuperar esa agilidad en la narrativa, llena de obsesión, propia de su protagonista.

A través de sus personalidades, Íñigo justifica sus errores. Su identidad se construye de retazos de cada hombre y de autoengaños -a veces conscientes- que le permiten entenderse (o confundirse) un poco más. Íñigo no es él sin los otros dos y los reprime cuando siente que lo dominan; pero, no puede vivir sin ellos pues le teme a la cordura.

Íñigo es un misántropo repleto de excesos. Sus adicciones al sexo y al alcohol, su apatía y desinterés por la vida se van explicando con sus recuerdos más sórdidos. La lectura despierta sensaciones ambiguas: hay asco y desesperación, pero también compasión por un asesino que no se permite ser feliz.

Los diálogos son escasos, la narración se construye como el monólogo de un perturbado que intenta justificar sus comportamientos. Dentro del lenguaje cotidiano de la narración encajan frases poéticas y filosóficas. El personaje se burla de la dinámica de la sociedad quiteña y, con ejemplos, intenta esa identificación con un lector capitalino de clase media alta.

El nombre del libro sigue siendo un misterio, debe haber más que el búho con un siete en el pecho y el mismo número de víctimas. El siete es el número de la perfección e Íñigo vive así, en su universo perfecto.
Isabela Ponce Y.

Ramiro Arias
Nació en Quito, en 1954. Tiene estudios en Derecho y en Literatura. Integró La pequeña
Lulupa. Está al frente de editorial Eskeletra, sello que publica ‘El gesto del payaso’, su segunda novela tras ‘Todo el sabor tropical’.
‘El gesto del payaso’ recrea la vida de los personajes en un circo ambulante, entre la magia y la realidad.

Arias retrata el circo de la vida

Ramiro Arias se divierte -y, de paso, entretiene- con una historia de un circo que se cae a pedazos y que es presentado como metáfora decadente de la existencia. Si la vida es un circo, ¡qué mejor que mostrarlo bajo la carpa, con presentadores farsantes, barbudas conspiradoras y elefantes que huelen a la misma muerte!

En última novela, ‘El gesto del payaso’, publicada por Eskeletra Editorial, cuenta en realidad la historia de tres personajes: el malvado dueño, el payaso estelar y la, obviamente, guapísima domadora de leones.

Ellos articulan un triángulo de amor y odio que sirve para que el lector se pregunte si así mismo habrán sido por dentro los circos de los Hermanos Gasca y demás espectáculos que nos hacían reír y aplaudir de emoción en los años 80, al menos hasta que llegaron los ‘malditos’ del Circe du Solei y reinventaron las pistas con sus contorsionistas.

Arias opta por un estilo similar al que aplicó en ‘Todo el sabor tropical’, su debut en la novela, con agudas descripciones de los personajes y escenas de humor, pero sobre todo con giros que dan impulso a los capítulos, casi todos cortos como dardos.

El relato, que no llega a las 140 páginas, es intenso y se deja leer rápido, aunque quizás el mayor acierto de esta propuesta está en haber tomado el escalpelo para abordar sin anestesia a unos personajes contradictorios y encantadores, inmersos en el dolor y al mismo tiempo en las ganas de vivir. Otra vez, la condición humana puesta en cara y cruz.

Una diferencia desde el punto de vista formal con ‘Todo el sabor tropical’, además de la extensión de la narración, es que el escenario es menos nacional (aquella obra estaba enmarcada en la frontera selvática, sus camioneros, sus prostitutas y su violencia muy particular).
Con ‘El gesto del payaso’, Arias avanza en su carrera de novelista con la seguridad de un equilibrista que va por la cuerda sin red. Alejandro Ribadeneira

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