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Me pareció interesante el tema propuesto. El pretexto fue releer el libro “Ideas: historia intelectual de la humanidad”, de Peter Watson, quien perfila las iniciativas de los seres humanos desde la explosión creativa del arte rupestre, hace 60 000 años, hasta la física cuántica y las ciencias nano de nuestros días.
Se trata de una historia diferente -no la de los reyes, presidentes y líderes-, sino la de la belleza, las intuiciones y la imaginación: la invención del fuego y el hacha de sílex, los primeros lenguajes, el nacimiento de los dioses, el origen del arte, la filosofía y la ciencia, y las consecuencias de la creación del dinero. También, la aparición de la escritura, las ideas de la justicia y el derecho; la invención de la rueda, el papel, la brújula, la imprenta y el telégrafo, la medicina, la economía y el capitalismo.
El libro sorprende con un relato de diversas trilogías -conocidas como “triposis- o teorías trinitarias, en las que nadie se ha puesto de acuerdo. Y mejor: porque la historia intelectual de la humanidad y su progreso no han sido constantes sino frágiles, y por eso plantea más preguntas que respuestas.
Para construir la historia de las ideas, Peter Watson recoge los pensamientos tripartitos, que se refieren a ideas, épocas, eras o principios. A continuación, algunos ejemplos: el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento y “el eterno evangelio espiritual” (Joaquín de Fiore); la historia de los pueblos orientales, la historia de los pueblos mediterráneos y la historia de los pueblos septentrionales; la imprenta, la pólvora y la brújula (Francis Bacon); la psicología, la física y la política (Thomas Hobbes); la edad de los dioses, una de los héroes y otra de los humanos (Giambattista Vico); factores geográficos, biológicos y psicológicos (Anne-Robert Saint Simon).
Y así surgieron las trilogías del pensamiento, unas más creativas que otras: el marqués de Condorcet consideraba que la Revolución Francesa era la línea divisoria entre el pasado y el futuro glorioso, para quien había tres cuestiones pendientes: la destrucción de la desigualdad entre las naciones, el progreso de la igualdad dentro de cada nación y el perfeccionamiento de la humanidad. William Godwin, en cambio, sostenía que para lograr la meta suprema de la vida -el triunfo de la razón y la verdad-, se necesitaba la literatura, la educación y la justicia.
Para Thomas Carlyle, los elementos más grandiosos de la civilización son la pólvora, la imprenta y la religión (protestante); Augusto Compte propuso los tres estados de la historia: el teológico, el metafísico y el científico. James Frazer, las edades de la magia, la religión y la ciencia; Lewis Morgan dividió la historia humana en el salvajismo, la barbarie y la civilización. Y la civilización en las ideas de gobierno, la familia y la propiedad.
Otras ideas brillantes recuerdan a J.H. Denison, quien distingue tres tipos de sociedades: la patriarcal, la fraternal y la democrática. Harry Bernes propone tres cambios de sensibilidades: el monoteísmo ético, el individualismo en el Renacimiento y la revolución darwiniana. Adam Smith: el terrateniente, el asalariado y el capitalista. Carlos Marx reduce a la historia en una era en la que se desconocen los excedentes y la explotación; otra era en la que los excedentes y la explotación son dominantes; y, finalmente, en la que se mantienen los excedentes y la explotación ha terminado.
En otra perspectiva, Crane Brinton, plantea que las tres grandes ideas que han dado origen al mundo moderno son el humanismo, el protestantismo y el racionalismo. Ernest Gellner argumenta tres fases en la historia humana: la de los cazadores-recolectores, la de la producción agrícola y la de la producción industrial, que se adecuaron a tres clases de actividad humana: la producción, la coerción y la cognición.
Otra visión, que incluye a América, es la Jared Diamond que recoge la idea del mundo antes de los tiempos modernos, para entender por qué Europa conquistó a América y no al revés: 1) la masa continental euroasiática posee una orientación este-oeste; mientras que América posee una orientación norte-sur. La geografía condicionó las migraciones de plantas y animales que facilitaron la domesticación, y también la evolución cultural. 2) Eurasia contaba con más mamíferos domesticables que las América (15 en lugar de 2), y esto contribuyó al avance de la civilización. La domesticación del caballo, por ejemplo, transformó la guerra en Eurasia, impulsó el desarrollo de la espada y la metalurgia. Así, los europeos contaban con armas que superaron con creces a los habitantes del Nuevo Mundo. 3) La domesticación de muchos animales permitió a los europeos el desarrollo de inmunidades ante enfermedades, que causaron estragos en las poblaciones del Nuevo Mundo.
Como se observa, las coincidencias entre pensadores e investigadores son notables, que orientan, de hecho, el fascinante mundo de la historia intelectual de nuestro mundo. Sería interesante intentar descifrar, según esta interesante metodología, los tres grandes hitos o eras de la protohistoria, prehistoria e historia del Ecuador.