Pedagogía de la sabiduría

La educación enfrenta nuevos desafíos ante el avance del posthumanismo y las máquinas inteligentes: ¿estamos ante una nueva pedagogía?

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Es provechoso hacer un alto a nuestras labores cotidianas para repensar por qué y cómo hemos educado a nuestros hijos y estudiantes. En este repaso vienen a la mente cantidad de personas -alumnos, colegas, padres de familia, autoridades– que han pasado por nuestras vidas y con quienes hemos aprendido a ser maestros.

Una metáfora

Gabriel Celaya nos ofrece un excelente introito para fundamentar esta reflexión. “Educar -dice Celaya- es lo mismo que poner un motor a una barca. Hay que medir, pesar, equilibrar y poner todo en marcha. Para eso, uno tiene que llevar en el alma un poco de marino, un poco de pirata, un poco de poeta y un kilo y medio de paciencia concentrada. Pero es consolador soñar mientras uno trabaja, que ese barco, ese niño irá muy lejos por el agua. Soñar que ese navío llevará nuestra carga de palabras hacia puertos distantes, hacia islas lejanas. Soñar que cuando un día esté durmiendo nuestra propia barca, en barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada”.

La nueva era

La poesía de Celaya nos ubica un poco en el escenario que escogimos: formar a la gente y convertirnos -sin quererlo expresamente- en navegantes. Sí, porque la educación es un viaje en el que somos marinos y a veces piratas que conducimos la barca en aguas tranquilas y a veces en aguas agitadas. Pero siempre aliados a la paciencia, a la perseverancia -y a veces al sacrificio- para embarcarnos todos los días en busca de horizontes, donde el cielo se une con el mar.

En esta travesía original encontramos alegrías -cuando los niños aprenden a ser felices-, y también contratiempos, dificultades y desafíos frecuentes. Pero ahora, lo que aprendimos en los normales y en las universidades son conocimientos insuficientes o precarios, ante la era de los cambios en los procesos de enseñanza y aprendizaje, que nos halló desprevenidos. Porque, sin exageración, la era digital está alterando todo: nuestra forma de pensar, sentir y actuar, así como las habilidades y competencias cognitivas y socioemocionales de toda la especie.

En esta revolución epistémica, saturada de datos no verificados e inundada de informaciones desconcertantes, está la docencia que intenta construir o deconstruir un nuevo barco o subirse a uno de sofisticado motor, para navegar en aguas cada vez desconocidas, turbulentas y contaminadas. ¿Estamos preparados los docentes?

¿El post humanismo?

La pregunta es compleja pero necesaria. Para empezar, los modelos academicistas o tradicionales ya no responden a los desafíos de la civilización tecnológica. Cumplieron sus ciclos y dejaron aprendizajes. Es tiempo entonces de abrir las mentes y corazones para descifrar, en primer lugar, el problema, y luego delinear alternativas viables de acuerdo con nuestra realidad, pero situados en el mundo global.

Existe, claro está, un optimismo pedagógico derivado de los aportes de las neurociencias y las posibles aplicaciones en la mejora de los aprendizajes significativos. Y también de los intercambios cognitivos y afectivos, que nos ayuden a construir sociedades resilientes, reconquistar la libertad y elaborar herramientas para afrontar los miedos inevitables supervinientes. ¿El post humanismo, anclado al ejercicio de los derechos humanos y al no sometimiento voluntario a las redes sociales que contaminan nuestro entorno?

Pilares

El profesor Ángel I. Pérez Gómez, en el libro “Pedagogías para tiempos de perplejidad: de la información a la sabiduría”, plantea tres pilares complementarios en este complejo proceso de reconstrucción: pensamiento crítico y creativo, inteligencia emocional y compromiso ético-social, de la mano de un nuevo concepto de sabiduría, entendida como “la capacidad del sujeto humano para utilizar el mejor conocimiento y saber disponibles para el gobierno de la propia vida personal, social y profesional”.

La pedagogía de la sabiduría es el conocimiento en la acción, el conocimiento reflexivo sobre la acción. En otras palabras, intentar ser performativos. Al respecto, Pérez Gomez recalca que “la sabiduría se encuentra en medio de la verdad y la virtud, en particular la virtud que facilita y promueve la cooperación humana”.

El científico español sugiere que “en un mundo tan complejo, interconectado e interdependiente, la felicidad sostenible de cada uno de nosotros depende del clima de relaciones y convivencia que seamos capaces de crear en los escenarios micro, meso y macrosociales”.